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25/11/12 - 00:00 Nacionales

Aparatos tecnológicos cambian hábitos

La homilía se interrumpe. El sacerdote deja de hablar un instante del Evangelio y le pide a la persona que apague su teléfono, que con su melodía digital de llamada, ha roto la atención. De pronto vuelve el silencio al recinto sacro, pero el daño está hecho.

Esta situación se repite no solo en iglesias, sino también en conferencias, aulas universitarias e incluso actos oficiales. Niños, jóvenes y adultos viven pendientes del teléfono, que de alguna manera encierra su mundo, pues con el acceso a internet no resulta descabellado decir que hasta en el baño pueden revisar correos, consultar direcciones, conversar con amigos de Facebook, Twitter, Google Plus y recibir videollamadas.

Tal panorama era un sueño de ficción 20 años antes. La transición ha sido rápida, y el cambio, dramático. Esa explosión tecnológica puede concebirse como “fascinante y abrumadora, si se considera que todo está al alcance de la mano. Antes se necesitaba ir a una biblioteca para investigar algo, luego cobran auge las enciclopedias virtuales, pero ahora con el internet todo está allí”, explica Adrián Catalán, de la empresa nacional Elemental Geeks.

En todas partes

La evolución tecnológica ha generado un cambio cultural global. “Estoy conectado, luego existo” es la paráfrasis que hace Jeremy Rifkin, autor estadounidense, de la famosa frase racionalista del filósofo Descartes, “pienso, luego existo”. La dependencia de los dispositivos tecnológicos es ineludible, por lo menos si se quiere ser económicamente activo e informativamente actualizado.

“La tecnología ha llegado a las relaciones familiares, el trabajo, en todos los niveles de la educación y hasta en las organizaciones religiosas, lo cual influye en los valores humanos”, dice Ramiro Macdonald, coordinador académico de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Rafael Landívar.

Según el sociólogo Hans Quevedo, se trata de una revolución que no es buena o mala en sí, pues ello depende del uso que las personas hagan de ella. “Ha implicado cambios en los comportamientos”, explica. Los profesionales ya no pueden vivir sin correo electrónico o teléfono celular. Moisés Polishuk, analista de tecnología de CNN, dijo en el reciente HP Summit, en México, que la conectividad puede hacer más productivas a las personas... si saben aprovecharla.

Conectados

“Al no tener cerca el celular nos sentimos incompletos, aislados”, dice Catalán, quien expone que la tecnología no solo abarca fines productivos, profesionales y educativos, sino también entretenimiento y relaciones sociales.

Eso sí, hay casos patológicos en que tanta comunicación dificulta las relaciones interpersonales e incluso las rompe. Por ejemplo, los romances iniciados o seguidos por Facebook son la quinta mayor causa invocada de divorcios en EE. UU. En el Reino Unido es uno de cada tres.

Esto suele ocurrir sobre todo porque con el registro tan amplio de personas en redes, algunos internautas encuentran a alguna antigua pareja o simplemente encuentran a “alguien” con quien se genera una empatía, pero a menudo se ignora que ello es muy distinto de la interacción real y cotidiana.

Ilusión digital

Macdonald habla de un potencial riesgo de aislamiento por exceso de vida virtual. “Surge un síndrome de abstinencia, por ejemplo cuando no se tiene el celular a la mano. Ello puede devenir en frustración o una especie de autismo funcional”, asegura.

“Las caricias sociales y transacciones interpersonales se han trasladado a la red, lo que puede hacer que una persona crea que su estima y valía dependen de ese perfil virtual”, dice el psicólogo Manlio Soto. Eso por no mencionar los peligros de depredadores sexuales que buscan víctimas incautas, sobre todo entre los menores de edad.

Equilibrio

“Un teléfono inteligente es un instrumento de mucho valor para alguien que sepa utilizarlo a su favor. Puede ser una utilísima herramienta que haga la diferencia entre un mal trabajo o uno de muy alta calidad. O un ventajoso recurso que convierta al trabajador en un habilidoso investigador de informaciones, pero también puede arrastrarlo a un fracaso personal, si usa sus aplicaciones de manera irresponsable o indiscriminadamente”, expone Macdonald.

Por otro lado, aunque es una etapa de modernidad, no todo debe ser enfocado a través de la tecnología. “Al usar estas herramientas debemos ser conscientes de que son ‘medios’ necesarios para el desempeño en el mundo moderno, pero también recordar que el ser humano precisa de la caricia social para crear su autoestima. Si estas interacciones se manifiestan solo en el espacio virtual o ciberespacio, los dispositivos se harán más indispensables para ellos. Habría que armonizar los likes virtuales con me gusta reales, además de gestos de amistad y afecto en carne y hueso”, exhorta Soto.

En ese sentido, hay que utilizar todos los dispositivos y las diferentes aplicaciones con responsabilidad y autocontrol, para que la tecnología sea utilizada a favor del desarrollo humano.

“La tecnología sin Dios es peligrosa, pues el hombre a menudo se ve sobrecogido por la tecnología en lugar de sentirse sobrecogido por Dios”, sentenció el papa Benedicto XVI durante la misa de Pascua de este año. Y quizá por eso tiene tanto sentido el sencillo letrero pegado a la entrada del templo El Carmen, en la zona 1: “Para hablar con Dios, no necesita celular: apáguelo”.

POR ÁXEL VICENTE Y BILLY QUIJADA /

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