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13/03/11 - 00:00 Nacionales

El ahorro no florece en Guatemala

El tono de resignación y tristeza de Giovanni Gálvez denota su frustración ante la imposibilidad de poder ahorrar algo de lo poco que gana como trabajador de un parqueo en la zona 1.

“Mi padre me inculcó que debía ahorrar: guardar dinero y hacer de cuenta que no lo tenía; pero con la situación económica actual, eso es difícil”, dice. “El costo de la vida es muy alto e imposibilita el ahorro; los sueldos siguen igual y todo sube de precio”, añade.

Giovanni no es el único; de hecho, muchas personas que abren una cuenta bancaria lo hacen para depósitos monetarios —cheques—, y no de ahorros, ya que la finalidad es recibir pagos y debitar gastos, sin dejar una reserva fija para acumular.

Varios factores causan esta situación: la pobreza, el costo de la vida —inflación—, bajas tasas de interés, poca cultura de ahorro y hasta cierta desconfianza en los bancos, debido a casos de quiebra, escasos pero impactantes.

Poca previsión

Al carecer de dinero propio en una cuenta de ahorro, se reduce la posibilidad de invertir, y las personas o empresas recurren a deudas para afrontar una urgencia o emprender un negocio, el cual, si llega a salir mal, las deja con más dificultades que al inicio.

“Si vemos el término cultura de ahorro por las cifras que muestran los balances bancarios, diría que tal costumbre está poco desarrollada en comparación con otros países de la región”, expone Víctor Mancilla, superintendente de Bancos.

Al comparar los ahorros con lo que el país produce —Producto Interno Bruto—, se determina que representa el 37.2 por ciento —a diciembre del 2010—, mientras en el resto de países de Centroamérica supera el 47 por ciento, explica Mancilla.

Aun así, en Guatemala hay una cantidad alta de cuentas de ahorro: 6.6 millones, pero el 95.1 por ciento tiene un saldo menor o igual a Q20 mil, y en conjunto representan apenas un 8.6 por ciento de todo el dinero ahorrado. Esto significa que en promedio cada cuenta tiene menos de Q1 mil.

“Estas cifras reflejan una baja capacidad de ahorro y previsión entre la población”, enfatiza Mancilla.

Pobreza, la causa principal

Luis Lara, gerente del Banco Industrial y delegado del sector bancario ante la Junta Monetaria, señala que el país genera poca riqueza individual. “Los recursos que muchos reciben les alcanzan para subsistir, pero no generan remanentes para guardar”, comenta.

Según Lara, esa situación se evidencia en el ingreso per cápita del país. La cifra es de unos US$3 mil —el sueldo promedio es mucho menor a esa cifra—. “Eso en otros países es el doble, y en las naciones desarrolladas, casi 10 veces más”, asegura.

Nicholas Virzi, director de la carrera de Economía Empresarial de la Universidad Rafael Landívar, refiere que la pobreza es la principal causa de falta de ahorro, porque todos los ingresos van al consumo. De ahí que Virzi defina la pobreza como falta de consumo suficiente por la misma escasez de ingresos.

“Guatemala tiene una propensión marginal al consumo arriba del 90 por ciento, que implica que no se está ahorrando casi nada”, afirma Virzi, quien atribuye la situación a las “pésimas políticas públicas que no fomentan el ahorro ni la inversión en el país, y además la espantan”.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística —al 2006—, 6.6 millones de personas viven debajo de la línea de pobreza.

Pocos incentivos

“Por tener bajos ahorros e inversión, Guatemala crece a un ritmo promedio anual mediocre, ya que duplica su producción en casi 20 años, mientras que Panamá y Costa Rica lo hacen cada 12 y 15 años”, puntualizó Virzi.

Hugo Maúl, director del área económica del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales, considera que aún con ello las personas que están por encima de la línea de pobreza tampoco ahorran. “No tienen ese hábito, y mucho tiene que ver con la posibilidad de confiscación de ahorros a largo plazo, es decir, la poca seguridad jurídica”, manifestó.

Según la teoría económica, el ahorro es el mecanismo de posponer el consumo hoy para hacerlo a largo plazo, pero se necesita la certeza de poder acceder a esos recursos en el futuro.

“La gente prefiere el consumo presente que en el futuro lejano”, agrega Maúl.

Héctor Morales, ex banquero y asesor financiero, afirma: “No recibimos suficiente educación sobre la importancia del ahorro, ni en la familia ni en la escuela”.

De acuerdo con Morales, el segmento social que ahorra es la llamada clase media, que es relativamente pequeña en el país. “A nivel individual, las personas viven al día, y al carecer de ahorro no tienen cómo hacer frente a imprevistos. Entonces, tienen que endeudarse, a veces más allá de lo aconsejable, e incurren en gastos adicionales como el pago de intereses, lo cual hace más difícil que puedan disponer de una cantidad libre para ahorrar”.

Por otra parte, el cobro del Impuesto Sobre la Renta y la deducción del Impuesto al Valor Agregado hacen que la gente prefiera gastar, ya que de lo contrario, tendrá que declarar más a final de año.

Bajas tasas de interés

Las tasas de interés en el sistema bancario tampoco incentivan el ahorro, ya que son bajas y a menudo nulas, por efecto de la inflación. Por ejemplo, en enero último, la tasa promedio para cuentas de ahorro fue de 4.28 por ciento, según la Superintendencia de Bancos; la inflación en el mismo mes fue de 4.90 por ciento, lo que quiere decir que la tasa de ahorro real fue 0.62 —negativa—.

“En el caso de algunos instrumentos, como los plazos fijos, la tasa real —al descontar la inflación—, sí es positiva, pero en cuentas de ahorro o monetarios, rara vez lo es, lo que desmotiva el ahorro”, reconoce Lara.

Aclara que aún así no sería conveniente subir la tasa de manera arbitraria, porque también subiría la tasa de interés para préstamos.

“Lo conveniente sería tener una política fiscal sana, que no monetice la economía, de manera que se pueda reducir la inflación, lo que llevaría a tasas de ahorro positivas en términos reales”, explica Lara.

Los bancos usan los depósitos como fondos para prestar dinero, a una tasa que se sitúa en 16.08 por ciento —promedio—, pero en algunos casos llega hasta el cien por cien.

Se lesiona la inversión

El superintendente de Bancos asegura que el desarrollo colectivo requiere financiamiento, porque si una sociedad no ahorra, no acumula recursos para financiar la inversión, y así en las actividades productivas no hay forma de crear suficiente riqueza que permita mejorar los niveles de vida.

A criterio de Lara, el problema va más allá de tener un fondo para eventualidades, ya que el ahorro debe servir para inversión, ya sea para iniciar un negocio, adquirir una casa u otro activo.

“El ahorro es un pilar fundamental para el crecimiento económico de cualquier país”, asevera.

Según Maúl, a menudo la llegada de capitales extranjeros inicia con la inversión en el país, ya que se da señales de que los ciudadanos creen en su economía.

Virzi enfatiza que mientras se siga impulsando el consumo en detrimento del ahorro, el crecimiento será limitado. “Lo que se consume no se ahorra, y el ahorro es la fuente de la inversión, y sin esta no hay crecimiento a largo plazo”, explica.

POR LEONEL DíAZ ZECEñA /

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