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28/08/11 - 00:00 Nacionales

Violencia intrafamiliar, un drama silencioso que se vive en el hogar

Existe una epidemia silenciosa que enferma a muchos hogares, y, a menudo, termina con la muerte de uno de los cónyuges. Por lo regular las víctimas son mujeres, aunque también hay hombres, que viven un calvario, con sufrimiento físico, psicológico y hasta económico.

El caso de la desaparición de Cristina Siekavizza, el 7 de julio último, sacó de nuevo a luz esta realidad que se vive en todos los estratos sociales, pero que muchas veces se disimula por el “qué dirán”.

Este año, las autoridades reportan 450 asesinatos de mujeres; 331 por arma de fuego, 41 por arma blanca, 76 por asfixia y dos decapitadas.

Las pesquisas han demostrado que en varios casos los asesinos son las parejas de las víctimas, después de un reclamo de pensión alimenticia, porque tienen otra relación o simplemente reproducen un patrón de violencia vivida en la niñez.

Los departamentos con mayor cantidad de denuncias de agresión intrafamiliar son Guatemala, Escuintla y Quetzaltenango. Según la Comisión Nacional para la Prevención de la Violencia Intrafamiliar, el 90 por ciento de denuncias son presentadas por mujeres.

La proporción aumenta en el caso de la violencia sexual, en donde llega el 98 por ciento.

Según Hilda Marchiori, de la Sociedad Mundial de Victimología de Argentina, las mayores víctimas son los niños, quienes a menudo presencian el maltrato y experimentan temor, ansiedad, culpa y enojo, que después prolongarán el ciclo siniestro.

Del amor al odio

La emoción de la boda, la alegre recepción, las fotos, el pastel son componentes alegres de una historia que en algunos casos concluye en tragedia.

Expertos refieren que el problema comienza cuando uno de los cónyuges se siente superior al otro, quien a menudo tiene baja autoestima.

Con ese sentimiento, uno de los dos empieza a gritar con frecuencia, luego viene un jaloneo o empujón leve, después el vocabulario soez, los golpes, las presiones y las amenazas. Los ciclos, a menudo, tienen intermedios de arrepentimiento y reconciliación, pero después la tortura continúa.

Las agresiones se hacen más frecuentes durante los días de asueto, fines de semana, quincena y fin mes, cuando los agresores están más tiempo con las víctimas, un patrón observado por Blanca Sandoval, fiscal de la Mujer, quien hace una única recomendación: denunciar.

No obstante, algunos de esos comportamientos violentos se observan desde el noviazgo, cuando se aceptan relaciones enfermizas.

Desenlace fatal

En el caso Siekavizza se teme lo peor, aunque la esperanza de hallarla viva persiste en sus familiares, quienes, poco a poco, descifran claves del sufrimiento que vivía.

En varios casos judicales se ha demostrado que los hombres contratan sicarios para matar a sus esposas, compran armas o las estrangulan.

Alba Trejo, comisionada presidencial contra el Femicidio, explica que las mujeres asesinadas tienen un historial de violencia.

“Los esposos asesinos suelen ser obreros, guardias de seguridad y quienes no quieren cumplir con la responsabilidad de dar una pensión”, dice Trejo.

Pero no solo ellos pueden ser victimarios. Hay mujeres que deciden terminar con la vida del marido cuando descubren infidelidades.

Patrón cultural

“Nadie se casa para una situación de fracaso, de abuso, homicidio o femicidio, esto es más una situación cultural”, afirma Emilio Viano, de la Univesrsidad Americana de Washington. “Hay que cambiar la percepción de lo que significa ser hombre, esposo, jefe de familia, y lo mismo con a las mujeres”, recomienda.

Según Rafael Echeverría, orientador sexual, existe más violencia de hombres hacia mujeres, por las condiciones socioculturales, el machismo y porque las madres convierten a sus hijos en misóginos.

Una jueza de Familia refiere el caso de una mujer atractiva, de buena posición económica, cuyo esposo no la dejaba salir nunca de su casa; no la golpeaba, pero la encerraba bajo llave, por celos. Una vecina se dio cuenta y la animó a separarse, aunque por ello tuvo que pasar varios meses en un albergue.

POR CORALIA ORANTES, JULIO LARA Y ROSMERY GONZáLEZ /

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