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Prensa Libre

20/02/11 - 00:00 Nacionales

Guillermo Pineda: “Tenemos tanta ceguera histórica”

Guillermo Pineda opina que muchos de los males que padece el país obedecen a una misma raíz: los privilegios, que han generado incentivos nefastos para quienes desean lograr lo que quieren a toda costa. A sus 27 años de edad dirige el Centro de Estudios del Capitalismo, donde promueve la libre discusión de problemas e ideales entre jóvenes.

Pineda organiza ciclos de lectura y diálogo sobre La Rebelión del Atlas y otras obras de Ayn Rand. En las discusiones se respeta la opinión de todos, y solo hay una condición: descubrir valores y actuar en consecuencia. “Hace falta liderazgo que tenga principios”, dice, pero considera que eso puede cambiar si las nuevas generaciones se hacen responsables de su misión.

¿Por qué leer a Ayn Rand?

Porque plantea, a través de un relato, los problemas que enfrenta una persona cuando otros quieren decidir por ella. En El Manantial, el personaje es un arquitecto que lucha por su independencia, pero ello le representa dificultades. Realmente no es fácil luchar contra la corriente y esa es la idea que fomentamos: luchar por los propios valores.

¿Cómo va vinculando ello a la realidad guatemalteca?

Hay un principio económico innegable: todas las personas buscan siempre mejorar su situación. Si lo hacen por medios honestos, honrados, legítimos, todo bien, pero cuando se busca mejorar a costa de otros, imponiendo mis intereses en forma prepotente, se va a dañar a la sociedad.

Lamentablemente eso es lo que ha ocurrido en Guatemala. Unos se aprovechan de su puesto para enriquecerse o bien quieren ganar popularidad a costa del trabajo de otros.

Un ejemplo es cierta solidaridad a la fuerza que pregonan. Le quitan recursos a actividades que sí son obligación del Estado para dárselo a otros con un claro fin de ganar preferencias. Es una especie de robo, porque ese dinero no es de ellos, pero lo usan para sus propósitos.

¿Qué es lo que más daño le ha hecho a este país?

Guatemala ha sufrido la carencia de pensamiento abstracto, filosófico, que haga más sólida la reflexión de profesionales, políticos y personas que toman decisiones. Hay un gran desconocimiento de lo que realmente implican ciertas ideas o palabras. Hay por ahí un político que dice que hagamos una “revolución”, pero ese es un término ambiguo que implica tantas cosas. Así también hay políticos diciendo que ofrecen esto y aquello, pero no cómo lo harán ni con qué van a financiar esos planes. También hay otros que dicen que harán “lo que el pueblo pida” y no lo que la Constitución o la ley mande, y eso es una grave contradicción.

¿Qué materia han reprobado los políticos guatemaltecos?

La coherencia. Hace falta un liderazgo político que tenga principios y actúe conforme a ellos. Esa carencia es común a todas las democracias, porque los políticos se han dedicado a proteger ciertos intereses, pero es la gente quien sufre esa parcialidad.

El ciudadano común parece estar indefenso ante esas fuerzas...

El primer rol del ciudadano es votar y hacerlo responsablemente. Quien no lo hace o lo hace por emoción incumple ese compromiso. Lamentablemente tenemos tanta ceguera histórica. Hay que ignorar a esos políticos que solo sirven para hacer pancartas, dar discursos, ofrecer que “el próximo año” harán esto y lo otro. El actual presidente estuvo tres veces en campaña y nunca articuló realmente una estrategia sólida, coherente, para brindar seguridad, que es el principal rol del Estado.

Esa situación no viene solo de este gobierno.

Ni es el único sector que no ha adoptado su rol. Hay grupos de asociación empresarial, social o incluso religiosa que tampoco han cumplido su rol y se han dedicado a proteger privilegios, pero no siempre se han preocupado por innovar, por capacitar a su gente o proponer verdaderas soluciones viables.

¿Qué esperanza tenemos?

Los jóvenes hoy están más conscientes e independientes. El esfuerzo debe ir hacia proveerles educación, valores y reflexión. En los diálogos socráticos que promovemos encontramos que tienen un espíritu crítico muy valioso. Ellos son la esperanza.

Muchos jóvenes le huyen al verdadero compromiso político

Porque hay demasiados incentivos perversos en el sistema político actual. Hay que cambiar ese sistema para motivar la participación, porque uno no debe ser “honesto” a veces y otras jugar a dos caras. Uno debe ser honesto siempre y en cualquier rol, pero las acciones parten de ideas, y para formarlas hay que invertir en educación y abrir espacios. Los jóvenes deben hacerse responsables del cambio.

POR GUSTAVO ADOLFO MONTENEGRO /

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