Iniciar Sesión
Registrarse
  Preguntas frecuentes
  |  
¿Olvidó su contraseña? 

21/04/13 - 00:00 Comunitario

Agoniza la eterna primavera

Las sonrientes cascadas, los majestuosos ríos y los exuberantes montes por los cuales Rafael Landívar llamaba a Guatemala el “País de la Eterna Primavera” son algo cada vez más raro y deteriorado, debido a la pérdida de bosque, la contaminación y falta de protección en las zonas de reserva.

En la actualidad, una tercera parte del territorio nacional aún está cubierta de áreas boscosas, que proveen más del 70 por ciento de agua al país y que ofrecen beneficios directos a más de cinco mil familias, que viven de la agroforestería sostenible o el ecoturismo.

Aunque la mayor parte de bosques están protegidos bajo el Sistema de Áreas Protegidas (Sigap), el país pierde cada año miles de árboles, pues hay apenas 350 guardarecursos para cuidar casi 31 mil kilómetros.

Tan solo la Reserva de la Biosfera Maya, en Petén, representa, con sus 21 mil 600 kilómetros, más del 70% del Sigap y representa anualmente la captación de más de 79 millones de toneladas de carbono en el aire, lo que la mantiene todavía como uno de los mayores pulmones de América.

Sin embargo, la mayor área forestal se encuentra amenazada por el crecimiento demográfico, el avance de la frontera agrícola, la ganadería ilegal y hasta por el narcotráfico, entre otros factores.

Benedicto Lucas, secretario ejecutivo interino del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap), subraya la importancia de mantener las 320 áreas que actualmente se encuentran bajo protección de esta entidad.

“Resguardan la riqueza natural, el patrimonio cultural y natural del país. También son la principal estrategia de la conservación de la diversidad biológica de Guatemala”, explicó.


Peligro inminente

Sin embargo, el Conap solo cuenta con Q79 millones de presupuesto al año más Q16 millones en donaciones de países cooperantes, por lo cual Lucas, reconoce que no se puede responder a la demanda de cada una de las áreas en resguardo.

Cerca de 350 guardarecursos tienen a su cargo el cuidado de todas las áreas de reserva.

INFOGRAFÍA - Haga clic en la imagen para descargar el PDF

“Si el Estado no toma en serio el problema y busca la forma de aumentar el presupuesto para el Conap, las áreas protegidas podrían desaparecer en los próximos 15 años”, aseguró Vinicio Cerezo Blandón, director de la Fundación para el Ecodesarrollo (Fundaeco), que administra cuatro áreas protegidas junto con el Conap.

Cerezo reconoce que el Sigap es un título a través de una normativa y se necesita una inversión de al menos Q250 millones cada año para garantizar el resguardo de los ecosistemas, cuyos beneficios se notarán quizá solo cuando hayan desaparecido.

De acuerdo con el director del Centro de Acción Legal, Social y Ambiental (Calas), Yuri Melini, la falta de voluntad política de los gobiernos se evidencia en el pobre presupuesto destinado a reconocer los servicios ambientales.

“Hay que recordar que los principales sitios turísticos en el país son ecológicos y ahí deberían de valorar su importancia”, expresó Melini.

Invasores impunes

El Conap señaló que actualmente la principal amenaza son 35 frentes de invasión identificados en áreas protegidas; en la mayoría de casos ya se han interpuesto denuncias en el Ministerio Público y se espera la acción judicial.

La mayor parte de invasiones, según información del Conap, se sitúa en el área sur de Petén, Izabal y la Sierra de las Minas, que sobre todo presionan para convertir suelos de vocación forestal en plantíos, aunque esto resulte contraproducente a la larga.

Melini confirma la presión demográfica sobre el Sigap y enumera sitios como Punta de Manabique, en Izabal; la laguna Lachuá, Alta Verapaz, y la Laguna del Tigre, Petén, como las áreas más vulnerables.

“En la Sierra de las Minas ya se puede observar el cultivo de caña de azúcar y en Petén predomina la palma africana, a costa de la destrucción de los bosques”, dijo el jefe del Conap.

Registros de esa entidad señalan que en Izabal la presión proviene de mafias, pues se trata de un corredor estratégicos para el trasiego de drogas.

Las invasiones en el área sur de Petén, con todo y el rápido crecimiento habitacional, han aniquilado la selva tropical.

“Ha sido imposible poderlo controlar y como Conap no nos damos abasto. En zona núcleo han parcelado y han metido ganado”, indicó Lucas.

Manglares

Uno de los ecosistemas únicos en el mundo que tiene el país es el bosque de manglar, del cual en los últimos 50 años se ha perdido más del 60 por ciento y el daño continúa, según datos del Instituto Nacional de Bosques (Inab). De 1965 al 2000, la pérdida se fijó en más del 62 por ciento.

Por sus características, los manglares contribuyeron a que en el 2010 Guatemala fuera incluido entre los 19 países megadiversos en el mundo, pero la destrucción sigue para construir proyectos habitacionales y de crianza de peces y crustáceos.

La ambientalista Magaly Arrecis, del Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos, detalló que también se pierden manglares por el desvío de ríos, apertura de barras en el mar y el cambio de uso de la tierra.

Iniciativas

Actualmente se encuentran en el Congreso de la República tres iniciativas para declarar tres nuevas áreas protegidas, pese a que el Estado no puede cuidar ni siquiera las ya establecidas.

El presidente de la Comisión de Ambiente del Congreso, Flavio Yojcom, confirmó que se trabaja en una iniciativa de ley que otorgue tierras comunales a colonos para su cuidado, pues considera que los habitantes pueden ser guardianes más efectivos.

POR ALEX ROJAS /

Valioso recurso es cada vez más escaso

El 70 por ciento del recurso hídrico del país proviene de áreas protegidas y en Guatemala  aún no existe una ley que regule  y establezca el pago por  servicios ambientales por este bien común.

Información del Sistema Guatemalteco de Áreas Protegidas  confirma la dependencia  de agua de cinco departamentos de la Sierra de las Minas, en el oriente del país.

 El cerro San Gil,  en Izabal,   de acuerdo con  Vinicio Cerezo Blandón, abastece del recurso hídrico al departamento.

En Guatemala, en mayo del 2012 se aprobó la Política de Estado en Materia de Cursos de Agua Internacionales, para definir la disposición del recurso, incluido el  marítimo, para el bien común de los guatemaltecos y el aprovechamiento internacional.

Sin embargo,  aún está pendiente una ley de aguas que pueda normar el pago de servicios ambientales por el aprovechamiento industrial del agua.

“Si se cobrara al menos US$30   a cada embarcación privada que está en Izabal serían  US$60 mil dólares al mes, eso permitiría financiar parte de la seguridad en  las áreas protegidas del Caribe y proteger ese paisaje”, afirmó  Cerezo Blandón.

Según Benedicto Lucas, secretario del Consejo Nacional de Áreas Protegidas,  el compromiso es importante.

“Ya  se hubiera reducido un 50 por ciento  el abastecimiento de agua sin los ecosistemas protegidos”, agregó Lucas.

Situación del agua, el aire y  desechos sólidos

Los cuatro lagos más importantes del país —Atitlán, Amatitlán, Petén Itzá e Izabal— están altamente contaminados por aguas servidas y residuos de fertilizantes, y al menos 14 de los 38 principales ríos tienen alta contaminación, debido sobre todo a aguas servidas sin tratamiento y  desechos industriales, según el Perfil Ambiental del País, de la Universidad Rafael Landívar.

En Guatemala circulan 2.05 millones de vehículos; en la capital y centros urbanos,  la cantidad de partículas en el aire sobrepasan los valores recomendados.

En cuanto a los desechos sólidos, se producen un  millón  746 mil toneladas  al año, pero solo un tercio es recolectado.

El resto es quemado —30 por ciento—, lanzado en cualquier parte —26 por ciento— o va a dar a cuencas hídricas.

Combate  de la  destrucción ambiental  

Aunque por mandato el Consejo Nacional de Áreas Protegidas es el responsable de velar por las 320 zonas en resguardo, varias instituciones trabajan con este; también existe apoyo interinstitucional para desacelerar la destrucción de  los ecosistemas.

 La Primera Brigada de Infantería del Ejército  apoya directamente en   Petén con patrullajes,  para evitar la caza furtiva y, en  coordinación con   el Conap, establece cordones de seguridad.

 De la misma manera,   la División de Protección a la Naturaleza (Diprona), de la Policía Nacional Civil, se especializa  en montar operativos para detectar principalmente el tráfico ilegal de madera y fauna silvestre. 

El Ministerio Público también ha dispuesto  una Fiscalía de  Delitos contra el Ambiente,  que conoce las denuncias de actividades ilícitas contra la naturaleza.

Distintas presiones sobre la naturaleza 

Cada área protegida  afronta  amenazas particulares.

El Conap identifica 35 invasiones de tierra, el último caso el  del Parque Nacional Laguna Lachuá, donde existen denuncias de plantaciones de cardamomo y granos básicos en el área.

La infraestructura es también una amenaza.  El caso más reciente es en las  Cuevas de Candelaria,  Alta Verapaz, donde  se abrió una brecha y se talaron  cientos de árboles sin permiso del Inab.

Aunque buena parte de la estrategia turística del país reposa en el potencial ecoturístico, la protección y la implementación de infraestructura adecuada para hacerlos sostenibles son endebles.

 Los incendios forestales son otro factor destructivo. Este año, la  Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres  ha registrado 600,  muchos de estos provocados.


Herramientas

Tags

Videos

multimedia

© Copyright 2012 Prensa Libre. Derechos Reservados.

Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.