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05/11/12 - 00:00 Comunitario

Deforestación depara panorama sombrío

Los niños de la Guatemala del 2050 probablemente ya no conozcan el bosque húmedo tropical ni el monte alpino lluvioso y, en consecuencia, las lluvias serán un fenómeno más bien aislado, según uno de los escenarios descritos en el Perfil Ambiental de Guatemala 2010-2012, elaborado por el Instituto de Ambiente y Recursos Naturales, de la Universidad Rafael Landívar.

Aunque existen algunas prospectivas más optimistas en materia ecológica, la acelerada destrucción de los bosques, la contaminación y la demandante producción económica serán factores que se conjugarán en contra de la conservación, detalla el informe, recientemente presentado.

Lamentablemente, “el ritmo de la deforestación en los bosques naturales, que pasó de 93 mil hectáreas en el período 1991-2001 a 132 mil hectáreas en el período 2006-2010, evidencia del deterioro de las capacidades institucionales para administrar los recursos forestales del país y de las pocas posibilidades para consolidar un esquema de manejo sostenible”, señala el informe.

Los programas de reforestación aún son insuficientes y no compiten contra la tasa de destrucción de bosque, fuera y dentro de áreas protegidas, que sufren una depredación constante y casi impune.

Estos factores determinan que tan solo para el 2020, la proporción de bosque seco será de casi un tercio del territorio nacional, mientras que el bosque tropical se habrá reducido. Esto, aunado al fenómeno del cambio climático, determinará una reducción relativa de las lluvias.

Para el 2050, el bosque seco tendrá un 40 por ciento del territorio nacional, de no revertirse la actual tendencia de destrucción, según uno de los escenarios planteados en el informe.

Contaminación

Juan Pablo Castañeda y Juventino Gálvez explican en el informe que la contaminación tiene la tendencia de aumentar, debido al incremento de flujos de residuos y emisiones del proceso económico.

“El crecimiento desordenado de las áreas urbanas y la falta de políticas claras en las áreas rurales han producido flujos de contaminantes sólidos, líquidos y gaseosos que exceden las capacidades de asimilación de los ecosistemas”, advierten.

El ejemplo más claro de esto es que el país se ha convertido ya en un emisor neto de gases de efecto invernadero debido a las “reducciones significativas en la capacidad de absorción, por las altas tasas de deforestación”, detalla el estudio.

La situación socioeconómica del país termina de complicar el cuadro, en lo que califican como “círculos viciosos”, en los cuales la naturaleza se ve afectada, y esto reduce la calidad de sus componentes —aire, agua y suelo—, lo que impacta en la calidad de vida de las personas, a menudo de escasos recursos económicos, que a su vez deterioran más el entorno.

Esto no se puede cambiar “de la noche a la mañana”, pero los autores del documento sostienen que el cambio de actitudes personales y políticas debe empezar ya, antes de que sea tarde. El 2050 ya está retratado, como una profecía que nadie desearía ver cumplida.

POR REDACCIóN /

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