Comunitario

“Falta cultura de prevención”

Las multitudes de curiosos, la falta de prevención y la escasez de agua fueron los principales obstáculos que afrontaron los cuerpos de socorro que trabajaron por más de 10 horas para sofocar el incendio que se registró ayer en La Terminal, zona 4, coincidieron invitados a Diálogo Libre, que se transmite por www.prensalibre.com

Los socorristas César Arroyo, Mario Cruz, Julio Dougherty y  William González conversan con el periodista Gustavo Montenegro —al centro—, en el programa Diálogo Libre.

Los socorristas César Arroyo, Mario Cruz, Julio Dougherty y William González conversan con el periodista Gustavo Montenegro —al centro—, en el programa Diálogo Libre.

MEJORAR MECANISMOS

César Arroyo,  comandante  de los Bomberos Voluntarios, refirió que  debe  crearse   una cultura   de prevención  en la sociedad,  para evitar pérdidas humanas y materiales en sucesos como el ocurrido ayer en La Terminal.   

“Debemos analizar la situación. Esta es la tercera vez  que sucede en el mercado y solo hablamos del tema cuando pasa y después  volvemos a la rutina. Se deben  crear  mejores mecanismos de prevención”, expresó.

 Arroyo indicó que  para  mitigar los desastres y mejorar un plan de prevención también  se debe equipar   a los socorristas  para trabajar en todo tipo de incendios, pues aseguró    que solo  200 bomberos de  los  cuatro mil con que cuenta la institución  tienen  equipo para  combatir siniestros.

“Esto no representa ni el 1 por ciento del personal. En el incendio  de La Terminal   solo había 80 trajes de penetración al fuego y en el lugar había más  de 800 bomberos”, explicó.

 Carlos Sandoval, vocero de la comuna  capitalina,  refirió que   se ha capacitado a personal de los  mercados  para actuar en casos de emergencia.

Sandoval afirmó  que  La Terminal  tiene poca accesibilidad y debido a esto se tienen   seguros para   23 mercados cantonales. 

“Ahora lo que necesitamos es levantar todos los escombros y trasladarlos   a otro lugar. Después entrará el seguro,    para  verificar cómo será la cobertura”, manifestó el vocero

Karla  Liquez,  de la Coordinadora  Nacional para la Reducción de Desastres (Conred),  refirió que  deben existir  mejores prácticas por parte de las instituciones  encargadas de contrarrestar desastres.

“Esto  —el incendio— refleja que aún nos encontramos en un país que debe adoptar  mejores prácticas de prevención de desastres,  y una lección que nos deja   es que  debe haber mejor  comunicación. Tenemos pérdidas materiales, pero no humanas, pero debemos mejorar”, expuso.

CAPACITACIÓN A VENDEDORES NO ES SUFICIENTE

Julio Dougherty,     comandante de los Bomberos Municipales, calificó el incendio de algo “terrible,   con dificultades tremendas”, donde hubo necesidad de  utilizar el personal de  las 11 estaciones de la capital para ayudar en los trabajos.

Dougherty      indicó  que es evidente   la falta de preparación  de los vendedores en La Terminal,   pese a la capacitación que han impartido  junto con la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred).

Expuso que  para  salir  también hubo dificultad, por la cantidad de curiosos.

“Cerca del 85 por ciento de las personas que están en La Terminal no son de Guatemala y muchas veces las prevenciones que se hacen no les llegan a todas las personas. Los que   sí estaban capacitados fueron quienes  nos  ayudaron a dar el espacio para que las unidades  salieran,   pero había personas que  no estaban haciendo nada y su único afán era el rescate de sus pertenencias”, refirió.

 Durante el siniestro hubo  falta de agua, pero Sandoval restó importancia a esa información porque, dijo,  se usaron dos millones  de litros  de agua  y siempre hubo líquido.

Dougherty   expuso que   cuando  quitaban varios escombros encontraron dos granadas, lo cual causó miedo a los bomberos para  adentrarse en las llamas,  por temor a una tragedia. Eso obligó a avisar a personal del Ministerio de Gobernación para  que los asesorara sobre  qué hacer en ese caso.

Afirmó que  por donde  pasaban encontraban obstáculos, como tambos de gas  en mal estado, hasta que lograron  llegar al  punto donde se originaron las llamas.

Karla  Liquez, de Conred, expuso que  no tienen el equipo de otras instituciones, ya que fueron alertados de inmediato  y destacaron dos motobombas y personal especializado desde la zona  13.

DIFICULTADES AFRONTADAS

La labor de los cuerpos de socorro fue desafiante desde horas de la madrugada, afirmó    Mario Cruz, vocero de los Bomberos Voluntarios,  quien expresó  que uno de los principales  problemas        para sofocar las llamas fue  el ingreso al lugar  del siniestro, por lo inaccesible  del  sector,  además de la escasez  de agua.

“Rápido nos quedamos sin el líquido y esto hacía que el fuego se propagara y se nos dificultaba la labor”, indicó.

Explicó   que otra de las problemáticas fue la multitud de vendedores que trataban de  rescatar  sus pertenencias, pero   obstaculizaban el trabajo de los cuerpos de socorro.

“Les dijimos que los bomberos  lo controlarían —el fuego—,  pero  caminaban  en los techos  y por eso dos personas se cayeron y resultaron heridas. Otras resultaron con quemaduras   al quemarse con plásticos derretidos y otros se  cortaron las manos con láminas”, expuso.

Cruz  aseguró que  algunas   personas   colocaron sus pertenencias en el área donde se encontraban las motobombas y las mangueras, lo cual  les impedía movilizarse a los bomberos.

“Dejaban caer  los refrigeradores   sobre las mangueras y nos estallaron varias”, dijo Cruz.

William González,  integrante  de la institución, expuso que  siete personas  fueron trasladadas al hospital  por diferentes lesiones que se causaron por estar en ese lugar sin tener experiencia.

“En la terminal de buses siempre hay personas trabajando  y había personas que querían ayudar, pero no tenían ninguna técnica y por eso resultaron afectadas”, aseguró González. 

Los  socorristas  coincidieron en que  varios de sus compañeros    fueron atendidos debido a la fatiga que sufrieron  por estar durante varias horas  cerca de las llamas.

Según Arroyo, ese  es “el  castigo físico que pasan los cuerpos de socorro por no tener el suficiente equipo”.