Registrarse ¿Por qué registrarse?

Con tu usuario podrás:


- Ingresar al visor de la edición impresa
   de Prensa Libre

- Comentar cada nota publicada
   *ver términos y condiciones de uso
   del portal

- Obtener beneficios y promociones
   para usuarios registrados de
   Prensalibre.com


Olvidó su contraseña?

07/07/13 - 00:00 Comunitario

Mecánico sin barreras

Sin titubear, con total seguridad y firmeza en sus movimientos, Héctor Madrid termina de ajustar las piezas del motor de un Alfa Romeo en el que trabaja desde hace un mes, en el taller que tiene en el garaje de su casa. Todo parece la rutina normal de un mecánico, pero hay una diferencia: Madrid es ciego.

“El carro venía como un rompecabezas y esto fue un reto más para él, porque no es lo mismo que lo desarme él a que venga todo por piezas y tener que armarlo”, explicó su esposa, Evelyn Xiomara Juárez Hernández, quien lo apoya incondicionalmente.

Este es uno más de los carros que Madrid ha “resucitado” en sus 24 años como mecánico automotriz, profesión en que se interesó desde que cursaba los básicos en el colegio y con la que les demostró a muchos lo que él ya sabía: su carencia física no era ningún impedimento para tener una vida normal y ser un exitoso profesional en su área.

“Yo le llamo carencia física, porque no me gusta usar la palabra limitación, porque no creo que lo sea. Desde niño tuve una infancia muy buena, normal, como cualquier otro niño, con alegrías, con tristezas, con caídas y con oportunidades de levantarse, estudié y acá estoy. Tuve la suerte de tener una familia que, consciente o inconscientemente, vio en mí capacidades, entonces me dejaron llevar una vida normal”, expone Madrid, amigable y bromista padre de tres.

Madrid perdió la vista a los 11 meses de edad, por un retinoblastoma bilateral —cáncer en la retina—, situación que hizo que desarrollara el resto de sus capacidades sensoriales al máximo.

Paso decisivo

Madrid estudió la primaria en la escuela Santa Lucía, de Pro Ciegos y Sordomudos.

“Era obvio que debía tener una educación especial o diferente, que básicamente es la misma educación que se recibe en cualquier otro establecimiento, con la variante de que le enseña a uno cosas adicionales, por ejemplo aprender el sistema braille; el curso de movilidad, que es vital e importantísimo porque es lo que realmente le permite a uno ser independiente”, cuenta.

Al terminar la primaria, Madrid dio un paso crucial que cambiaría su vida y le daría mayor seguridad y confianza en sus capacidades. Ingresó en un colegio regular, aunque no fue nada sencillo.

“Al principio ningún colegio me quería recibir, incluso me llevaron a colegios que se suponía que tenían una calidad moral y sensibilización ante todo eso y que tenían un avance académico grande, y dijeron que no, que ellos no tenían cómo afrontar la situación. Agotadas las expectativas, el colegio Juan José Orozco Posadas, un establecimiento entrañable para mí, fue el que me permitió hacer esa transición de compartir a nivel académico con personas videntes. Fue una acogida fenomenal, tanto a nivel de los maestros como de los compañeros. Fue verdaderamente mágica. Eso me dio a mí la preparación y la fuerza para mi futuro”, recuerda.

Más adelante pasaría a otro colegio, en el que empezó a madurar la idea de estudiar mecánica.

Un reto

“Yo he sido una persona a la que le ha gustado mucho la innovación. He sido muy conservador en algunos casos, pero en otras me ha gustado la experimentación y he pensado que el que no arriesga no gana”, explica Madrid, quien desde temprana edad desarmaba sus carritos a baterías para armarlos de nuevo.

Siempre le interesó la mecánica, y su familia fue la que tuvo que aguantar que explorara máquinas de escribir, licuadoras y cualquier otra cosa que tuviera motor.

“Me enfrenté a toda la gente que me decía que la mecánica es visual, que la mecánica necesita de la vista, que la mecánica es peligrosa. Me topé con gente que no creía en mí. Con el tiempo se dieron cuenta de que yo sí podía hacer mecánica”, afirma.

Ahora hay muchos mecánicos que acuden a él para hacerle consultas, principalmente de carros Fiat y Alfa Romeo, que son su mayor especialidad gracias a una persona que le preguntó si quería aprender a trabajar esta marca y él accedió.

“Me llamó la atención que estos carros son tan geniales que puede haber dos iguales y pueden tener ambos el mismo problema, pero a la hora de abordar el problema cada carro va a presentar sus peculiaridades. O sea son independientes, entonces eso es emocionante, porque no es una situación rutinaria. Me di cuenta de que había muy poco mecánico para trabajar la marca y eso era una oportunidad. Si hay pocos, explotemos este campo, y así fue como me quedé”, refiere Madrid, quien es reconocido como uno de los mejores mecánicos de estas marcas en el país.

Además de esas personas que no creían que pudiera realizarse en esta profesión, también ha tenido que enfrentar a clientes que dudan de él al percatarse de que es no vidente. “Es el sistema el que ha hecho que no se confíe en la persona discapacitada. Entonces hasta ese punto también comprendo a la gente”, manifiesta Madrid, quien invita a un cambio de mentalidad.

Misión cumplida

Además de su sólida familia, que trata que crezca en potencial humano, Madrid tiene entre sus mayores satisfacciones superar los retos que se traza.

“Mi mayor satisfacción es demostrarme a mí mismo que se puede. Uno tiene que comenzar cualquier cosa haciendo la apuesta con uno mismo, porque a la larga uno va a ser quien se da el mejor premio y quien se va a juzgar. La crítica y el juicio de la gente sí puede alegrar o entristecer, pero no va a ser tan fuerte como la crítica de uno mismo”.

POR PAMELA SARAVIA FONSECA /

Herramientas

Relacionadas

Tags

Multimedia

multimedia

© Copyright 2012 Prensa Libre. Derechos Reservados.

Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.