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Prensa Libre

23/12/12 - 00:00 Comunitario

Huérfanos y viudas viven penurias por asesinato de pilotos

Él era un gran esposo y un padre excepcional, nunca nos faltó nada hasta que lo balearon, y después de 15 días de estar hospitalizado murió, cuenta en un mar de sollozos Sandra Hernández, esposa de Gustavo Adolfo Pérez, piloto de autobús asesinado el 15 de julio del 2009 junto con su ayudante, Alberto Hernández, hermano de Sandra, quien se quedó viuda con cuatro hijos y de la noche a la mañana pasaron a vivir en penurias constantes.

En silencio, la acompañan Irlanda, de 10 años; Adolfo, 8; Jefferson, 6 —quien llora junto a ella—, y Anthony, 4, quienes prácticamente perdieron la sonrisa y cuyo sufrimiento aumenta en la época de Navidad, cuando inevitablemente recuerdan la sonrisa y la bondad de su padre.

En una humilde vivienda de lámina, dividida en tres habitaciones pequeñas, Sandra y sus hijos intentan sobrellevar la existencia. En el espacio de sala-dormitorio tienen las fotografías del hombre a quien recuerdan cada día.

El primer cambio traumático fue dejar la casa en que habitó con su esposo en un condominio, pues los gastos de servicios de agua, luz, seguridad y mantenimiento eran altos y la economía familiar quedó fracturada.

Con los ahorros que Pérez dejó lograron sobrevivir un tiempo, pero luego la situación empeoró, con la acumulación de pagos pendientes.

Irlanda y Adolfo debieron ser trasladados del colegio al cual asistían a una escuela pública. La niña reprobó el año escolar debido a la dificultad que enfrentó por el cambio de vida.

“Yo extraño siempre a mi papito, y lo recuerdo con amor”, fue todo lo que pudo decir la pequeña antes de ponerse a llorar.

Las palabras son insuficientes para describir la mezcla de ternura y dolor al ver a la madre rodeada por sus hijos y preguntarse, preguntar a los asesinos de aquel buen hombre: “¿Por qué lo mataron?”.

Solís no ha podido conseguir un trabajo estable, pues sabe que sus hijos necesitan de atención y cariño. Sus padres la ayudan a sufragar algunos gastos, pero la realidad es cara.

Sin cena navideña

Sonríen fugazmente al recordar que cuando papá estaba solían comer una pierna de cerdo al horno y ponche de frutas; mal que bien, los pequeños estrenaban alguna prenda y al anochecer quemaban estrellitas y volcancitos.

Sí, había obsequios a la medianoche, recuerdan Irlanda y Adolfo, quienes quisieran cambiar cualquier gran regalo por volver a tener a su padre.

La primera Navidad fue muy difícil. Sandra recuerda que en esa ocasión optó por tomar una pastilla para dormirse y no estar despierta a la medianoche.

Ya han pasado tres años, muchos más pilotos han sido asesinados, otras familias sufren tanto o más que ellos.

Solo en el 2012 han sido asesinados 58 pilotos de buses urbanos y extraurbanos, crímenes atribuidos en su mayoría a extorsiones. Así también, 25 ayudantes han muerto acribillados por sicarios.

A pesar de todo, los niños mantienen una ilusión: poder comer “pollo frito y ensalada rusa” en Nochebuena. Sueñan que es su papá quien se los lleve como en sueños.

Así como los niños Pérez Hernández, hay más huérfanos, y así como Sandra, hay viudas, madres y abuelas que ahora cargan con el desamparo.

En algunos casos han recibido un subsidio por parte del Gobierno, pero aseguran que este año el apoyo ha sido irregular.

Psicoterapia

De acuerdo con Luis Carlos de León, médico psiquiatra del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif), después de un hecho violento, la familia de la víctima es quebrantada en su dignidad, integridad e identidad.

El profesional recomienda la psicoterapia, para que los afectados puedan reintegrarse lo más cercano posible a su vida normal antes del suceso.

“Tras un suceso violento, la familia de la víctima puede llegar a vivir una situación de angustia, de ansiedad, de estrés, que no existía hasta antes del hecho”, explicó De León.

Agregó: “Esto lleva a que las personas puedan tornarse desconfiadas, cambian su forma de ser, la manera de plantearse la vida y las expectativas hacia el futuro”. En el caso de los niños, advierte del peligro de depresión, resentimiento o incluso culpa.

El médico aseguró que un hecho violento puede cambiar los patrones de conducta de los familiares de la víctima, lo que lleva a sobreprotección hacia los infantes.

“Los adultos pueden llegar a sobreproteger a los niños. También pueden llegar a convertirse, paradójicamente, en maltrato infantil”, expresó el especialista.

La atención sicológica es vital para superar los traumas dejados por la violencia.

De León enfatizó que la psicoterapia solo puede practicarla un psicólogo o un psiquiatra que tenga entrenamiento en esa rama, pues no se puede improvisar con los pacientes que padecen esos males.

Víctimas inocentes

Édgar Guerra, presidente de la Asociación de Usuarios de Transporte Urbano y Extraurbano (Autue), señala que los pilotos son blanco de los grupos delincuenciales que extorsionan a dueños de líneas de buses, pero aclara que la víctima es toda la familia, que queda en situación de precariedad.

Además, especificó que también han sido asesinados 18 pilotos de microbuses y 46 de mototaxis, por extorsiones. Entre usuarios del servicio ha habido 63 muertos y un centenar de heridos en atracos o atentados en unidades.

POR OMAR ARCHILA /

Hijos aún esperan regreso de sus padres

Una dolorosa ausencia

Esta Navidad no habrá mucho que celebrar para los hermanos Kimberly  y Anthony Rosales, de 7 y 11 años, ya que será el primer fin de año que pasen sin sus padres, que fueron asesinados el 4 de diciembre último.
Hombres armados dispararon contra los esposos, quienes viajaban con los niños en una motocicleta, en la zona 6 capitalina.
El pavo horneado, el ponche de frutas cocinado en leña¬,  la ropa para estrenar, los  regalos, cohetillos y el amor que sus padres año con año les daban les harán falta. Habrá otros familiares y también sus 13 primos, pero  como dice la tía de los pequeños: “Nada se compara con el amor de los papás”.
El futuro de los infantes es incierto, pues luego del ataque sus vidas cambiaron por completo. Actualmente reciben atención psicológica, para ayudarlos a  superar la tragedia.
En todo caso, su entorno familiar se dañó, pero aún así los niños insisten en preguntar: “¿Cuándo volverán nuestros papás?”. Únicamente recuerdan que se cayeron de la moto y que no los vieron más.
La abuelita, entre lágrimas, narra cómo  los niños esperan en la puerta el regreso de sus padres. Han intentado decirles que “viven ahora en el cielo y no pueden bajar a la tierra”, pero los niños no lo creen.

Sueñan con un árbol de navidad

Recuerdo intacto del padre

En la habitación de lámina en  que viven, Yolanda Solís, de 29 años, acompañada de sus hijos Brian, 8, y Jorge, 10, sentados en la cama, narran  los momentos de penas y escasez que han vivido desde que fue asesinado el padre de familia, Eswin Orlando Villagrán López, baleado en el bus en que trabajaba, en el 2008.
Brian  ha sido operado nueve veces, por problemas congénitos de la vejiga,  intestino y recto, lo cual ha dificultado que su mamá pueda mantener  un trabajo estable. “Debo cuidarlo bien; si no, empeora”, afirma la madre.  
Jorge debió dejar de estudiar en un colegio para ingresar en una escuela pública, debido a que su mamá no pudo seguir pagando la mensualidad.
 Brian y Jorge hablan de cómo recuerdan a su padre, a pesar de no tener ninguna fotografía de él, pero aseguran que tienen en mente su  bigote, el cual les hacía cosquillas cuando los besaba y jugaba con ellos.
Pese a la precariedad, el menor de los hermanos  sueña con ser bombero municipal, y el mayor, científico.
Los hermanitos  sonríen y su mirada se ilumina al contar que su gran ilusión para esta Navidad hubiera sido tener “un árbol grandote”, mientras la madre suspira con la vista en la puerta.

ACOSO CRIMINAL

La Autue registra varias de las rutas más atacadas por extorsionistas.

Entre las rutas más atacadas de buses urbanos  en los últimos tres años están: 4, 40R, 11, 12, 77, 96, 101 y 203.
Los lugares en donde se registran más ataques contra pilotos, ayudantes y pasajeros son el bulevar Liberación, calzada Roosevelt, a inmediaciones de La Terminal y Parque de la Industria, algunos sectores de las zonas 1 y 6, y el Anillo Periférico y el redondel de la zona 18.
En buses extraurbanos de rutas cortas se encuentran Villa Nueva, Amatitlán, Palencia, San Juan Sacatepéquez.
En el 2010 se reportó el deceso de 48 pasajeros, 84 pilotos, 33 ayudantes, tres empresarios, 24 pilotos de microbús y ocho de mototaxi.
 Durante el 2011 murieron 54 usuarios, 76 conductores de bus, 25 ayudantes, 15 pilotos de microbús y ocho de mototaxi.

10 casos aproximados de violencia ocurren al día en el país.

58 pilotos han muerto este año en hechos violentos.

25 ayudantes de bus han sido acribillados mientras trabajan.

3 hijos promedio son procreados en las familias capitalinas.


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