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23/07/11 - 13:07 Justicia

Superviviente recuerda masacre en Dos Erres y crueldad de adopción

Un sobreviviente de la matanza de 252 personas perpetrada por militares en 1982, durante el régimen de facto del general golpista José Efraín Ríos Montt, relató a la agencia de noticas Acan-EFE los horrores de esos crímenes de guerra en Guatemala y la crueldad de su adopción por uno de los supuestos asesinos.

CIUDAD DE GUATEMALA - Ramiro Antonio Osorio, quien ahora tiene 33 años y vive en EE. UU., recordó, como si fuera ayer, la matanza en la comunidad Las Dos Erres, en el municipio de La Libertad, en el departamento norteño de Petén, fronterizo con México y Belice, caso por el que el próximo lunes empezarán a ser juzgados cuatro de sus autores.

Explicó que hombres armados vestidos de verde olivo y de civil -que entonces no supo si eran militares o guerrilleros sino hasta después de la masacre- llegaron a la comunidad el 6 de diciembre de 1982 y reunieron a la población dentro de la iglesia y una escuela.

"A mis tres hermanos y a mí nos metieron a la iglesia junto a los demás niños y mujeres y nos empezaron a decir: si saben orar oren porque si no se los lleva la chingada", dijo.

"Todos oraban y otros se preguntaban qué pasaba. La noche del 7 de diciembre empezaron (a matar) a los hombres que tenían en la escuela. Se oían los gritos pidiendo auxilio, que los perdonaran y preguntaba por qué les hacían eso", recordó Ramiro, que al momento de la matanza tenía unos 4 años.

Añadió que "cuanto terminaron con la masacre de los hombres empezaron con las mujeres y niños. Sacaron de la iglesia a mujeres de 12 a 15 años. Yo no sabía en ese entonces, pero me imagino que las violaban y luego las mataban".

"Cuando le tocó el turno a mi mamá, mis hermanos y yo nos colgamos de ella llorando para que no le hicieran nada, pero la agarraron del pelo. Yo corrí pero no logré ver hasta dónde se la llevaron", dijo.

Ramiro comentó que los militares lo capturaron a él de nuevo en la puerta de la iglesia y le preguntaron que si quería ir con su madre, lo mataban.

"Lloré demasiado. Lo único que escuché fueron los gritos de mi mamá. Me quedé dormido debajo de una banca de la iglesia porque no había comido nada", añadió el sobreviviente, que tampoco volvió a ver a sus otros tres hermanos menores de edad.

"Cuando desperté, ya habían acabado con todo", aseguró.

Él y otros tres niños, detalló, fueron llevados por la montaña durante tres días por los militares hasta que llamaron a un helicóptero que los trasladó a la sede de la escuela de Kaibiles, en el municipio de Poptún (Petén) .

Según recuerda Ramiro, en ese lugar permaneció dos meses vestido de militar, hasta que el miembro de la fuerza elite Kaibil Santos López Alonzo, quien participó en la masacre, se ganó su confianza y se lo llevó para su casa, en el departamento sureño de Retalhuleu, no sin antes decirle que otro militar lo quería asesinar.

"Prácticamente me adoptó pero sin consentimiento de ninguna ley. Me dejó el Ramiro porque yo ya entendía pero me puso (Ramiro) Fernando López García", anotó.

Sin embargo, su vida junto a la familia del militar que había asesinado a su familia fue aún más cruel.

"El trato que me dieron fue bastante difícil, me explotaron. No sólo estuvo en la masacre de mi familia, sino también me hizo llamarle papá cuando realmente no lo era. Desde muy pequeño comencé a trabajar cuidando ganado, repartiendo pan, piñas y refrescos de la familia. La señora me pegaba", indicó.

"Yo lo único que me preguntaba era si algún día yo podía hablar (porque) había algo dentro de mí que no me dejaba tranquilo".

"Él (López Alonzo) me amenazaba y me decía que si me iba de la casa aunque sea cinco metros bajo tierra te voy a encontrar. Eso me daba temor", relató.

Sin embargo, dijo, en 1999, cuando ya tenía 17 años, supo que la asociación de Familiares de Detenidos-Desaparecidos de Guatemala (Famdegua) había tomado el caso de la masacre para buscar justicia y decidió marcharse para Estados Unidos.

A López Alonzo "no lo odio, pero si tengo un rencor bastante fuerte hacia él. Que lo perdone Dios por lo que le hizo a mi familia porque yo no", afirmó Ramiro, quien a 29 años de la matanza dice que aún teme por su vida en Guatemala, a donde llegó hace una semana para dar su testimonio y buscar justicia para su familia.

La masacre, según testimonios dados a Famdegua, fue perpetrada por 18 kaibiles, 7 de los cuales ya han sido capturados, 9 están prófugos y 2 ya fallecieron.

Cuatro de ellos serán sentados el próximo lunes en el banquillo de los acusados por los 250 crímenes de guerra que cometieron al amparo del conflicto armado que desangró Guatemala entre 1960 y 1996.

POR AGENCIA ACAN-EFE / Guatemala

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