Guatemala

Triste Navidad para migrantes

Decenas de guatemaltecos que pasaron la Nochebuena encerrados en albergues migratorios estadounidenses no recibieron abrazos familiares ni tamales ni ponche en la Navidad. Varios de ellos manifestaron su tristeza ayer, al arribar al país en un vuelo de deportados.

Ayer, muchos deportados vieron con alivio la llegada a Guatemala, porque se les permitió un encuentro familiar tardío con sus familiares.

En un vuelo procedente de San Antonio, Texas, arribó Julisa Morales, de 18 años, quien acaba de concluir la carrera de perito contador en Guatemala y pretendía viajar a EE. UU. para visitar a su madre y sus hermanos en Maryland, ya que no los ve desde hace 16 años.

“La idea era abrazar a mi mamá para Navidad, pero, ni modo, no se pudo”, expresó Morales.

Agregó: “Fue una Navidad muy triste. Nos acostamos temprano en el albergue, y fue como cualquier otro día; no hubo abrazos ni tamales”.

Morales recordó el frío de Los Ángeles, donde fue interceptada por agentes migratorios, quienes la trasladaron a un albergue en San Antonio, Texas.

Ella, como los 218 deportados que arribaron ayer al país en dos vuelos, escuchaba con atención las palabras de bienvenida que les manifestaban los agentes de Migración en Guatemala, quienes les repetían: “Aquí ya no hay nada que temer, de aquí nadie los va a echar, siéntanse con suerte porque están vivos y porque ahora van a poder abrazar a sus familias; lo que no hicieron en Navidad”.

La nostalgia que padece cualquier migrante que se encuentra lejos de su país se ve acentuada en aquellos que pasaron las fiestas navideñas encerrados.

En otro sector de la Fuerza Aérea se hallaba Wálter Gutiérrez, padre de familia, oriundo de la capital.

“Yo sólo quería probar suerte y dar un mejor futuro a mis dos hijos pequeños, pero no se pudo”, dijo.

“La Navidad fue la más triste, al estar encerrados en el albergue. Nos acostaron temprano. Ahora sólo quiero llegar a mi casa y comer tamales y tomar ponche”, agregó.

La Nochebuena no fue tan triste para Tomás David Son, menor de edad, quien dijo que la Navidad la pasaron platicando con otros internos del albergue, aunque mostró su frustración por no haber podido reencontrarse con su padre, quien vive en Estados Unidos desde hace dos años.

“Yo quería verlo y también buscarme un futuro mejor, y poder ayudar a mi familia en Joyabaj —Quiché—”, comentó Son, quien estudia mecánica.

Son fue interceptado minutos después de haber cruzado la frontera en Texas, como la mayoría de deportados.

En las afueras de la Fuerza Aérea, los padres de Cristian Manolo Vicente, otro menor de edad, oriundo de Totonicapán y quien fue capturado en la frontera, esperaban para recibirlo con un abrazo.

Sin embargo, pasaron los minutos y se desesperaban cuando no obtenían información sobre su hijo. Vicente no arribó sino hasta el segundo vuelo.

“Pasamos la Navidad pensando en él y cómo estaría allá, detenido en un albergue en Estados Unidos. Lo queremos junto a nosotros”, expresaron.

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