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12/05/13 - 01:35 Nacionales

Aquí estarás para siempre

Lectores dieron continuidad a un pie narrativo dedicado a las madres, que se publicó en  Facebook de Prensa Libre

Nada le convencía. Todo era tan repetido. Quería darle a su mamá un obsequio tan original como no se había visto. Recordó la canasta de paletas de helado que fabricó en segundo primaria; también la silla mecedora miniatura con pedazos de ganchos de tender ropa, que se desarmó el mismo 10 de mayo que se la entregó. ¿Darle rosas otra vez? Pensando en todo eso estaba cuando pasó por una librería de usados y encontró aquel volumen exquisitamente impreso, con aquel título en letras art decó que le trajo tantas memorias que creía olvidadas...

Después de darle un vistazo al libro, recordó que tenía varias fotografías guardadas de mamá desde que estaba pequeña y pensó en recolectarlas...

También se preguntó: ¿Por qué he de comprar algo para ese día? Si ella es especial toditos los días. Quiso ir con ella lo más pronto, para colmarla de besos y abrazos, y decirle cuánto significaba en su vida. Quiso, pero aquella circunstancia lo detuvo.

Con decisión enfiló hacia la entrada de aquella librería y comenzó a buscar al encargado, quien en ese justo momento se encontraba ocupado con algunos clientes que, al parecer, más querían un curso intensivo de literatura griega. Era notorio que el responsable se empezaba a sentir fastidiado.

Mientras esto sucedía, nuestro personaje giró sobre su talón derecho y se acercó al estante en donde se encontraba el libro, ese que tantos recuerdos le traía. Lo tomó entre sus manos y acarició las letras resaltadas de la portada... no se atrevió a abrirlo, solo acertó a aspirar el olor a papel curtido por los años vividos y de inmediato se remontó a la época aquella. Tendría no más de 6 años cuando entró en contacto con este libro y con aquellas fantasiosas historias.

Era el libro de cuentos y de historias que su madre le leía cuando él era tan solo un niño.

Metió su mano en el bolsillo y descubrió que no tenía ni un centavo. Entonces recordó que en algún lugar de la vieja bodega de la casa estaba guardada una copia idéntica de aquel libro, con un texto que su mamá le dedicó. Recordó aquellas palabras que pronunció su madre justo en el momento de entregarle aquel texto: “Hijo, algún día recordarás este libro como la mejor historia de tu vida”...

Regresaron de inmediato los recuerdos que siempre habían estado incrustados en su memoria y que habían marcado cada momento de esa época maravillosa. Recordó las noches llenas de cuentos y fantasía que solo ella podía crear, haciéndolo sentir seguro y protegido. Tomó el ejemplar en sus manos, sintiéndose de nuevo como un niño y decidió que sus memorias, en forma de libro, debían ser el regalo perfecto para decirle a esa mujer que todas las acciones por pequeñas que fueran seguían presentes después de tanto tiempo...

Al tener el tesoro entre sus brazos, cerró los ojos y recordó el hermoso aroma de su madre... mmm... El lugar en la cómoda donde ella lo guardaba siempre. Recordó que a ella le gustaba la casa con fragancia a lavanda... y sin duda por eso a mí me gusta también sentir lo mismo en mi casa, se dijo entre sí. ¡Ah, mi madre! Tan creativa, tan disciplinada.

Al abrir el libro vio la foto de un avión despegando en algún lugar lejano. Cerró el libro, lo devolvió a su lugar, le sonrió y le agradeció al encargado de la librería... El librero no comprendía aquella sonrisa y aquel agradecimiento sin sentido. Aquel cliente fallido tomó el primer vuelo hacia el país de la eterna primavera y a la mañana siguiente tocó la puerta de aquella humilde casa de madera en algún lugar de la tierra del quetzal. Su madre abrió la puerta. Un silencio, luego un abrazo, un te amo madre y unas lágrimas fueron sus regalos, pues desde hacía 25 años él se había ido de aquella aldea que lo vio crecer.

¿En qué lo puedo ayudar? Le preguntó el dependiente, y lo sacó de su encuentro imaginario. Es que estaba imaginando que encontraba el mejor regalo del mundo para mi mamá. Ella murió hace un par de meses, y no pude estar ahí. Pero la última vez que la vi me dijo: “Mi mayor felicidad fue cuando supe de tu llegada, después de alojarte nueve meses en mi vientre, cuando me dijiste mamá por primera vez, cuando me abrazabas, cuando me besabas, cuando te graduaste, cuando te casaste. Pero lo que más me hizo feliz, es saber que hice de ti un buen hombre, un buen hijo, un buen esposo y un maravilloso padre... El librero le obsequió el libro.

Se detuvo a admirar aquellas letras que creía olvidadas. Recordó los deliciosos guisos de su madre y por ende aquel otro libro de cocina que había guardado su mamá en la gaveta de la cocina y que él había roto por descuido. Se acordaba bien de por qué su mamá siempre lo usaba cada vez que había un almuerzo o una cena por una ocasión especial o cuando era su cumpleaños. Se rió. Bastaron unos pocos segundos para que un millón de recuerdos vinieran a su mente, y en cada uno de ellos estaba siempre su madre, aquella que desde que tuvo uso de razón estuvo a su lado a cada instante. Sí, fue aquella la mano que lo llevo a su primer día al colegio y que con las mismas ansias con las que lo dejó por la mañana estaba antes de la hora de salida en la entrada del colegio, esperándolo con los brazos abiertos; aquella mamá que conservó durante años el primer regalo del Día de la Madre que él le obsequió, un collar que con sus manos y rústicamente había elaborado, pero que para ella era un tesoro invaluable.

Los recuerdos no paraban y con cada pensamiento sentía como que lo vivía otra vez, su piel se erizaba, recordó cómo su mamá aún más que él, esperaba los actos del Día de la Madre que preparaban en el colegio; recordó cada instante, cada detalle de su vida. Parecía que habían pasado frente a sus ojos 27 años en un momento, pero a lo sumo había estado parado 20 minutos. Respiró profundo y se reincorporó.

También recordó otras palabras que su madre le había dicho por teléfono, a la distancia, aquellas palabras que estaban en su corazón. “Tú y yo nunca estuvimos lejos, tú y yo siempre estuvimos cerca a pesar de los miles de kilómetros que nos separaban, estuvimos juntos porque un hijo es el corazón de una madre, no importa cuántos tenga, cada uno es una parte y nunca pueden estar separados”. Cerró el libro que tenía en sus manos, limpió sus lágrimas y se dispuso a escribirlo todo.

Otros detalles

Fueron  tan creativos los aportes que, pese a no haber quedado dentro del relato principal, vale la pena que los lectores conozcan parte de ellos.

“Comprendió que las noches en vela que lo esperó para verlo venir con tragos de más y de mal humor. ¿Cómo podía hacer para borrar ese dolor? O cuando ella, enferma, intentó encontrar consuelo en él y lo único que consiguió fue una reprimenda. Ahora, el día de la madre, llevarle flores, recordar las manualidades, comprarle libros, nada de eso servía...” (Maggy Castellanos)

“El librero no se imaginaba siquiera cómo ella había soñado desde niña con viajar. Desde su mente soñadora había recorrido el mundo en viajes inimaginables, junto con su mamá. He ahí que en ese momento llegó a ver la foto que tenía el libro al abrirlo y dijo: Un viaje, un viaje para mi madre y salió corriendo de la librería. (Luis Álvarez)

Era una fresca tarde y el sol empezaba a ocultarse tras las verdes montañas, pero en la mente de Rodrigo la idea de un viaje para su mamá seguía cobrando forma... ahora la pregunta era ¿a dónde? (Paty Mejía).

“En ese momento rodaron unas lágrimas. Las imágenes venían y venían sin parar las veces que con su paciencia y cariño iba a arroparlo, acompañada siempre de un cuento en el que juntos viajaban a los lugares más sorprendentes. Qué recuerdos más bonitos”. (Haydee Calderón de Polanco)

Un relato gestado a  varias manos

El martes 7 de mayo se publicó un texto inicial en el perfil en Facebook de Prensa Libre, con la propuesta de que los lectores se convirtieran en escritores, y le dieran seguimiento y desenlace.

A partir de las 52 colaboraciones, y según la  continuidad aportada, se seleccionaron 10 textos.

Autores: Mario Hernández, Jean Val Jean, José Ovando,  Velveth Escobar Estrada, Karlo Soto, Marissela Chacón,   Paty Medina de De Lacruz, Ervin San Juan, Anielka Díaz de Riz,  Francisco Catalán y Lisbeth Herrera.


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