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25/11/12 - 00:00 Nacionales

“No sería otra vez diputado”

“No puedo decir que soy de Suchitepéquez, pero sí puedo decir que Suchitepéquez es mío”, manifiesta el jefe de la bancada Libertad Democrática Renovada (Líder) en el Congreso de la República, Roberto Villate, originario de Escuintla, quien afirma que si hubiera sabido todo lo que implica ser diputado, no se habría postulado.

Villate, de 52 años, lleva ya dos períodos en el Palacio Legislativo. En el 2008 ganó con la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), luego se desligó y junto con Manuel Baldizón crearon la bancada Líder, de la que ha sido jefe y principal vocero, la cual se convirtió en partido y lo llevó a un segundo período legislativo.

¿Cómo y cuándo surge su interés por la política?

En el 2007, el diputado de la UNE Obdulio Oquelí, quien era mi cliente en la oficina, me invitó a que lo apoyara a volver a entrar. Yo acepté, pero le advertí que lo hacía por él, y no por Álvaro Colom, porque no me entraba en la cabeza. Yo no iba con la intención de ser candidato, pero en el camino me involucró y resulta que comienzo a postularme para diputado. Nadie creía que yo iba a ganar, porque Suchitepéquez no estaba posicionado, pero entramos dos.

¿Por qué rechazaba a Colom?

En esos momentos estaba él —Álvaro Colom_ con el problema de —Marco Tulio— Abadío, y como suele suceder en Guatemala, lo condené sin pensar. Luego fui entendiendo que de alguna manera la política tiene una forma de crucificar a las personas en momentos especiales, y en ese momento el señor que ahora es presidente —refiriéndose a Otto Pérez Molina— quería crucificar a Colom, lo mismo que ahora hace con Manuel Baldizón.

No veía bien la situación, lo prejuzgué tal vez. Al final no sé si hice bien, pero el problema de Guatemala es que condenamos anticipadamente. Cuando entendí eso, comencé a apoyar a Colom en la Presidencia.

Pero si usted me preguntara hoy si votaría por Colom o por Pérez Molina, le diría que volvería a votar por Colom.

¿Por qué?

Porque nunca he creído en los gobiernos militares. Son confrontativos, no aceptan el diálogo. El militar, por instrucción, tiene una mentalidad unilineal, les dan la orden y van.

Otro tipo de profesionales tienen el razonamiento suficiente para enfrentar diversas circunstancias. De esa cuenta es que creo que el gobierno militar en Guatemala no es funcional, pues se llevan el primer lugar en confrontación y autoritarismo, y no me equivoco y no me he equivocado.

Sabiendo todo lo que ahora sabe, ¿aceptaría si le volvieran a proponer otra nominación para diputado?

No lo aceptaría. Hace pocos días, mi hijo grande me pidió que lo llevara a hacerse unos exámenes médicos. Luego de mucho sacrificio lo pude llevar, antes de eso uno de sus mensajes decía: “Hagás lo que hagás, la gente nunca te va a agradecer nada”, y tiene razón.

De qué sirve que cuando esté muerto le pongan el nombre de uno a una escuela. No sé si valga la pena eso. Es demasiado el desgaste.

Además, agarre a cien guatemaltecos, ninguno de ellos va a agradecer o aplaudir que Villate fue el que firmó la iniciativa contra la corrupción, y de alguna manera se le debe a Villate que esa iniciativa ahora sea una ley.

En cambio, para los cien guatemaltecos usted sigue siendo un truhán. ¿Vale la pena eso?

¿Entonces, por qué sigue siendo diputado?

En el libro Un punto sin retorno —de Vila-Matas— se detalla cómo un avión sale de la pista sin la suficiente gasolina, a la mitad del camino descubren que no tiene combustible para llegar a su destino y menos para regresar, ¿qué hacer entonces? El libro plantea que aún tiene la posibilidad de que el aire le permita planear y así llegar a puerto. En esas circunstancias creo que estoy yo en este momento.

¿Viendo a dónde lo lleva el viento?

No. Quizá a tener la oportunidad de llegar al final del período y poder decir: bueno, me retiro.

Si Manuel Baldizón decidiera por alguna razón ya no postularse para presidente, yo pensaría mucho volver a participar. Porque no he tomado la diputación como otros.

Mi interés no es económico; si lo hubiera sido, me hubiera quedado como diputado oficialista con la UNE. Me hubiera aguantado el trato indigno, pero me largué.

¿Pero sí continuaría en la política?

Yo fui maestro 10 años y me retiré porque no quería terminar en el magisterio en la clase “F”, de “funeral”.

Luego me volví abogado, y a los 10 años me entró la misma idea y me metí a estudiar dos maestrías para brincar a otras oportunidades.

Ahora ya casi no soy abogado, solo de título, pero estoy en la etapa de político; tal vez me gustaría estar otro período más, pero con el doctor Baldizón como presidente, y luego —se sacude las manos— irme lejos, aunque sea de b2arrendero a un consulado, a un país lejano, o simplemente irme a una parte turística del país, poner un mi hotelito de unos 10 cuartos, ser yo el amo de llaves, y que los políticos nuevos y viejos lleguen y podamos platicar de las viejas anécdotas que hoy están haciendo la historia.

No estoy pidiendo mucho, yo no quiero ir a parar preso. De qué me sirve parar en el ‘bote’ como Alfonso Portillo, o tener problemas como el Pavo Real —al referirse al caso Pavón—. No, lo rechazo totalmente.

¿Le gustaría algún ministerio?

No, yo quiero ser diputado.

POR JESSICA GRAMAJO /

Pinceladas

El 11 de julio, el jefe de bancada de Líder habló durante cinco horas en el hemiciclo para no perder el uso de la palabra.


Nació en 1960 en Tiquisate, Escuintla.
En 1995 participó sin éxito como candidato a diputado por el partido Desarrollo Integral Auténtico (DÍA) .

Tiene una maestría en Derecho Laboral, por la Universidad Mariano Gálvez de Guatemala y otra en Derecho Penal, por la Universidad de San Carlos de Guatemala.

Padre de cuatro hijos, de quienes prefiere no hablar “para evitar ponerlos en riesgo”.

Se define como un hombre simple físicamente, pero preparado si se habla de intelecto. También se ve como un buen padre, aunque dice que esa calificación la da dentro
de “la relatividad de todas las cosas”.


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