¿Adaptados al horror?

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En su edición dominical, Prensa Libre dedica sus tres páginas centrales a la violencia  sexual contra niñas y adolescentes. Hace un recuento de algunos casos y reporta que entre enero y diciembre del 2014, más de cinco mil pequeñas de entre 10 y 14 años resultaron embarazadas, producto de haber sido violadas. Recuerda que según la legislación vigente toda relación  sexual con una persona menor de 14 años es catalogada como violación y señala que la respuesta del sistema de justicia aún es muy lento y  muchos casos quedan en la impunidad.

¿Qué tenemos en la venas los guatemaltecos que ante la barbarie y el horror no nos movilizamos para repudiar este tipo de hechos? ¿Nos hemos acostumbrado a la violencia y a la muerte? ¿Qué hace falta para que las y los ciudadanos exijamos que se detenga este desangramiento? ¿Es que acaso el asesinato de cuatro pequeñas con ese grado de saña y la violación sexual de tantas más puede ser visto como natural?

La violencia contra las mujeres no es normal y no es un problema de las mujeres, es un tema que está relacionado con toda la sociedad. Tiene que ver con la forma en que pensamos, con la manera en que hemos sido educados, con los estereotipos que se mantienen en sociedades machistas y con consideraciones políticas, económicas y religiosas que nos colocan a las mujeres —y por supuesto a las niñas— como objetos en propiedad.

La exclusión, la inequidad y la violencia son manifestaciones de relaciones desiguales de poder, donde las mujeres corremos con todas las desventajas. Los círculos de violencia muchas veces no se rompen por las condiciones que sufren las mujeres en la familia, pero también en la sociedad.

Todavía pesan los “qué dirán” y la creencia de que el amor todo lo admite, todo lo soporta y todo lo perdona. Aún hay mucha fragilidad en el sistema de protección y en las medidas de seguridad para mujeres que se animan a denunciar; y son muy pocas las oportunidades laborales que brinden independencia económica a las mujeres sobrevivientes de violencia.

Queda mucho camino por recorrer para que este país termine de una vez  por todas de ser el paraíso de los asesinos y violadores. El silencio y la indiferencia de la sociedad siguen abonando a la violencia y a la impunidad.

ESCRITO POR:

Marielos Monzón

Periodista y comunicadora social. Conductora de radio y televisión. Coordinadora general de los Ciclos de Actualización para Periodistas (CAP). Fundadora de la Red Centroamericana de Periodistas e integrante del colectivo No Nos Callarán.