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Opinión

Aliados contra ola de inseguridad

La globalización ha traído entre sus múltiples efectos una transnacionalización del crimen organizado, pero asimismo la posibilidad de implementar nuevas herramientas para combatir su actuar. En la misma forma, la delincuencia común ha hecho acopio de los recursos electrónicos para establecer efectivas redes informativas, pero también la sociedad tiene a su alcance dichos instrumentos y además está de su lado el número muy superior de ciudadanos honrados, responsables y trabajadores que rechazan la ilegalidad.

EDITORIAL

En numerosos gobiernos de América Latina, este cambio generacional y tecnológico ha sido adoptado ya como una forma de administrar la Nación, y la seguridad ciudadana no es la excepción. Sin embargo, en el caso guatemalteco, pareciera que el combate de la delincuencia sigue bajo los mismos paradigmas que hace 30 años, al punto de que todavía se siguen poniendo en práctica acciones ya empleadas, con dudoso éxito, en los precedentes gobiernos.

En cambio sí fue muy novedosa y llamativa la iniciativa de la organización Jóvenes contra la Violencia, que con sus espantacacos logró sacudir la modorra ciudadana y buscar una mayor participación de quienes cotidianamente son víctimas de la ola de inseguridad. Una forma muy creativa y hasta cierto punto una expresión artística para invitar a las autoridades a reducirles los espacios a los delincuentes que tienen agobiada a la población.

Quizá no es la mejor idea ni la que más ahuyentará a los asaltantes, pero al menos es una forma distinta de pensar que involucra a la población. Paradójicamente, el Gobierno ha recurrido de nuevo a los tradicionales retenes policiales, que hoy se han vuelto más numerosos y diseminados, pero que tienen el inconveniente de obedecer al viejo modelo de pretender que el delincuente caiga en sus manos casi como si fuera una lotería, como si no existieran rutas alternativas por donde transitar.

Los espantacacos, con todo y su carga de ingenuidad, terminan pareciéndose a los susodichos operativos policiales, pues al final solo obligan a los rateros a moverse de zona de operación, sin que se sepa mediante una confiable estadística cuál es el resultado de esas acciones y ver su viabilidad en términos de costo de oportunidad y resultados.

Veamos el caso de Brasil, donde la tecnología es de utilidad para los delincuentes, que logran burlar operativos de seguridad y requisas que han sido infructuosos, al punto de que en ese país se pretende censurar algunas redes sociales, cuando en realidad deberían convertirlas en sus principales aliadas.

A fin de cuentas, cabe traer a colación la sentencia del físico Albert Einstein: “No podemos esperar lograr resultados distintos si seguimos haciendo las mismas cosas”. Algo diferente sería conseguir el apoyo y la colaboración de la ciudadanía, ganarse la confianza a fuerza de resultados y empezar a utilizar, en el rastreo, captura y procesamiento judicial, esa misma tecnología que los fascinerosos han empleado para tener de rodillas a la población.


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