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Opinión

EDITORIAL

Altibajos de la primera semana

Debido a la confianza y esperanza populares en el cambio ofrecido, aunque no definido, por el presidente Otto Pérez Molina en su discurso de toma de posesión, se mantuvo alto el interés en las acciones del gobierno en su primera semana. A esto se agrega que, en todas las administraciones, los primeros tres meses marcan la pauta de cómo será el accionar de las nuevas autoridades.

La primera semana del gobierno actual tuvo altibajos, producidos por algunas acciones de aparente poca importancia, pero significativas, y en otras que son fundamentales para que sea posible el cumplimiento aunque sea parcial de las promesas de campaña, algunas de ellas iguales a las de la primera ocasión en que el hoy primer mandatario intentó llegar a la Presidencia del país.

Entre las acciones positivas se encuentra la reprimenda presidencial a los agentes policiales para descontinuar la corrupción, su aparición en un restaurante sin previo aviso y haber hecho presencia en el Volcán de Agua. Son acciones que lo acercan a la población, y en el caso del sábado, su participación lo obliga aún más a hacer su mejor esfuerzo para cumplir con los objetivos de la marcha.

Entre las acciones erróneas se puede señalar el haberle entregado la vara edilicia a su hijo, lo que correspondía a una autoridad edil; cantar el himno con el puño cerrado y calificarlo como sin importancia, porque en la provincia se le ve como un símbolo de su partido, y en el exterior, como émulo de un nefasto personaje histórico. Pero eso podría decirse que son detalles.

El error de mayor bulto, ante los resultados, es haber aceptado que Gudy Rivera recibiera el apoyo para la presidencia del Congreso. En efecto, en la primera sesión del organismo legislativo logró que se rompiera o debilitara la alianza con otros grupos de diputados para integrar la directiva. Aunque tuvo la suerte de que el diputado Mario Taracena haya perdido los estribos, es un hecho que la actuación del legislador patriotista dio la impresión de que según él tiene la mayoría de votos y puede imponerse, en vez de darse cuenta de que necesita de la negociación y de una actuación de búsqueda de consensos.

El gobierno comienza hoy su segunda semana con la posibilidad de que ya no tenga aliados en el Congreso, y que ello se traduzca en ingobernabilidad tácita, si los grupos políticos opuestos deciden tomar la actitud que tuvo el Partido Patriota con el gobierno anterior. De ocurrir eso, el más damnificado es el país. Ante este panorama, es claro que el presidente está urgido de llamar al orden a Rivera y, de continuar los problemas, sugerirle renunciar, una medida necesaria aunque con toda seguridad problemática para un gobierno que tiene 47 meses y medio por delante.

La severidad presidencial debe manifestarse, sobre todo, con quienes están de su lado. El apoyo ciudadano, ahora alto, tiende a disminuir de manera paulatina en circunstancias normales, y en forma abrupta cuando los cercanos al gobierno se equivocan, abusan o actúan sin meditar. La popularidad tiene su costo: para mantenerla alta, se debe actuar con serenidad, pero con firmeza.


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