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Prensa Libre

27/02/13 - 00:00 Opinión

UKEMIK NA’OJ

Amatitlán en agonía

El aumento de la urbanización, la presencia de más de 900 industrias de diferentes ramas, la actividad agrícola que implica el uso de agroquímicos, los rastros, las descargas de aguas negras sin ningún tipo de tratamiento, entre otros, están provocando la aceleración de la contaminación de las aguas superficiales y subterráneas en la cuenca de Amatitlán. Ciertamente el crecimiento de áreas urbanas e industriales de la ciudad de Guatemala y de las cabeceras municipales de Mixco,

FRANCISCA GóMEZ GRIJALVA

 Villa Nueva, San Miguel Petapa, Villa Canales, Amatitlán y parte de Santa Catarina Pinula, es una de las causas de los altos niveles de contaminación del Lago de Amatitlán.

Al 2007, las aguas residuales domésticas de los municipios mencionados constituían el 86% de las aguas superficiales cuyo destino final es el Lago de Amatitlán. Se estima que el río Villalobos arrastra 500 mil toneladas de sedimentos al lago. Y las aguas industriales representaban un 14% las cuales miles de descargas han sido y son vertidas a los barrancos, ríos, riachuelos y al suelo sin ningún tratamiento.

Sin embargo, el principal problema de la agonía del Lago de Amatitlán ha sido la irresponsabilidad de las autoridades gubernamentales para garantizar el diseño e implementación de un plan nacional de tratamiento de las aguas negras, agrícolas, desechos sólidos y aguas residuales industriales. Este diseño tendría que hacer efectivo el cumplimiento de la responsabilidad que las empresas deben asumir respecto al manejo de sus propios desechos.

Sin duda la cuenca y el Lago de Amatitlán han sido y son medulares para el desarrollo social, económico, turístico y recreativo del país. Además, cabe señalar que las aguas de este lago también se utilizan como embalse de la hidroeléctrica Jurún Marinalá y genera el 11% de la energía total del país.

A pesar de la importancia ecológica del Lago de Amatitlán, es evidente que las acciones que se han implementado para su rescate siguen siendo insuficientes, ya que estudios realizados por las autoridades para el Manejo Sustentable de la cuenca y el Lago de Amatitlán (AMSA) señalan que en el año 1800 el lago tenía 33 metros de profundidad, pero en 1996 se redujo a 18 metros y advierten que si no se toman las medidas pertinentes para el 2016 será un pantano de 7.5 metros.

A estas alturas, es imposible hablar de la recuperación del Lago de Amatitlán. Su muerte lenta es un espejo que nos muestra que es inaplazable y por tanto de urgencia nacional la implementación de medidas para evitar enormes desastres ecológicos y socioambientales.

Estamos a tiempo de prevenir la destrucción de nuestras cuencas hidrográficas, así como la devastación de nuestro territorio, actuemos para que el Lago de Atitlán no corra el mismo riesgo que el Lago de Amatitlán.

Como sociedad nos asiste el derecho de exigir a los gobiernos de turno para que dejen de otorgar licencias de extracción minera como los casos de San Juan Sacatepéquez, La Puya en San José del Golfo y San Pedro Ayampuc, Cerro Blanco en Jutiapa, así como la suspensión de las actividades de la mina Marlin en San Idelfonso Ixtahuacán, San Marcos y de la hidroeléctrica Santa Cruz en Barillas.

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