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21/04/13 - 00:00 Opinión

Plumas invitadas

Antesala electoral

Las leyes que rigen la vida de un Estado no pueden comprenderse por completo si no tomamos en cuenta los datos de la esfera meta-jurídica, es decir todos los ámbitos de la vida sociopolítica. En toda Constitución está prevista esta coordinación entre el ser y el deber ser, de la que proceden las posibilidades y, al mismo tiempo, los límites de su fuerza normativa.

JARY MéNDEZ MADDALENO

 Una vez reconocida la necesidad de instaurar un orden normativo para conservar la identidad de una comunidad política y proyectar un orden común vigente, se abre la puerta de un proceso continuo sujeto a un marco de referencia en el que el Derecho establece los puntos de orientación de su dimensión existencial. Por ello, el punto central de la reflexión de la antesala electoral que estamos viviendo en Guatemala, va más allá del quebrantamiento de una prescripción normativa de la Ley Electoral y de Partidos Políticos. Necesariamente debemos cuestionarnos: ¿son los partidos políticos verdaderos portadores de las diversas propuestas que los ciudadanos tenemos para ordenar la vida sociopolítica? Sin duda, hay que partir del respeto de lo jurídico por lo político y no encasillar únicamente la discusión en sanciones y multas. El problema es más profundo que su aspecto formal, debemos asumir que hoy por hoy la democracia constitucional reclama que el ciudadano deje de ser un espectador pasivo: su sufragio resulta de un nexo de estimaciones políticas comunes respecto de un partido político concreto. La presencia de un partido político en un Estado de Derecho debe ser constante, pero no se limita a la actividad proselitista. Dar prioridad a ello incluso contraría a la misma democracia, que se resiente ante cualquier exceso. Se trata de una presencia reconocida por su acción propositiva en la construcción del bien común y respetuosa del Derecho. La política es el mundo de lo diverso y esa variedad hace que existan también diversas opciones, adversarios políticos que tienen distintas formas de concebir la construcción y dirección de ese orden común, pero que por compartir un nosotros, finalmente han de buscar la unidad. Y es que en el Estado constitucional democrático cada vez se impone con más fuerza el que cada uno de nosotros es corresponsable y codecisor en ese futuro común. Ahora bien, el reto está en lograr el equilibrio y la estabilidad del orden constitucional en sus dos elementos, el político y el jurídico, respetándose recíprocamente.

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