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04/06/13 - 00:00 Opinión

Homo economicus

Anti-inversión

La reciente convención “Guate- mala Investment Summit”, fue un interesante ejemplo de ver cómo mientras unos andan en la “pena” por trabajar para atraer más inversión, otros andan en la “pepena” por ahuyentarla ¡y lucrar con ello!

JOSé RAúL GONZáLEZ MERLO


Por lo menos los empresarios no son hipócritas, en el sentido literal de la palabra. Para tener utilidades, ellos deben invertir capital, contratar trabajadores y combinar exitosamente todos esos recursos físicos y humanos creando riqueza. Además deben lidiar con la burocracia e impuestos que, más bien parecen diseñados para impedir que el anterior proceso se materialice. Y, por si fuera poco, aguantar la inseguridad física y jurídica. No todos lo logran…

No es fácil ser empresario. Y el que crea lo contrario emite un equivocado juicio desde el velo de la ignorancia de nunca haber tenido que “pagar una planilla”. Ignorancia a la que se le puede agregar el prejuicio ideológico-socialista que envidiosamente ve al empresario y al capital como el enemigo. Este grupo estuvo dignamente representado por el Comité de Unidad Campesina (CUC), quien impidió, abusivamente el ingreso a la conferencia. Bajo la consigna “¡Guatemala no se vende!” los manifestantes mostraron su rechazo a la inversión en general y a la hidroeléctrica y minera en particular.

Dos bandos: uno promoviendo al país como un destino de inversiones para generar utilidades y apuntalar el desarrollo económico y social. El otro rechazándola como si el desarrollo fuera un “derecho humano” y no algo por lo que debemos trabajar inteligentemente. Es la del perro del hortelano de la fábula de Esopo; triste personaje que “ni come ni deja comer”. Nada más que, en este caso, nuestro perro sí come; y come muy bien. Come de ahuyentar la inversión manteniendo la pobreza de la mayoría de guatemaltecos. Come del dinero de la “cooperación internacional” que mantiene ese modo de vida. Come traficando con la miseria del pueblo y de una agenda anti-empresarial.

Contrario al empresario, el “dirigente social” no produce nada. Su “trabajo” consiste en crear expectativas en la población aprovechándose de su ignorancia. Así como el estafador gira cheques sin fondos, el “dirigente social” promete lo que no puede cumplir con su trabajo honrado. Inventa culpas y oculta las verdaderas razones de la pobreza: la falta de inversión de capital. ¡Dios lo libre de aceptarlo! Estaría traicionando sus convicciones marxistas ahora popularizadas en el Socialismo del Siglo XXI.

Para salir de la pobreza, hay que entender que el camino al desarrollo arranca al aceptar que la inversión, no la protesta, es lo que crea empleo. Aunque, para algunos, la protesta sí crea empleo, lo hace a costa del empleo de los demás. No es como ellos lo gritan; que las inversiones dejan miseria. La miseria ya está presente. La inversión en nuevas empresas es lo que sacará a miles de la miseria. No lo inventaremos los chapines. Es el camino que otras naciones, antes miserables y ahora prósperas, han seguido. La clave es que más chapines lo entiendan para no dejarse engañar.

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