Iniciar Sesión
Registrarse
  Preguntas frecuentes
  |  
¿Olvidó su contraseña? 

05/02/13 - 00:00 Opinión

REGISTRO AKÁSICO

Apóstoles

Con entusiasmo ha recibido la feligresía católica el mensaje de sus obispos, al finalizar la asamblea plenaria anual. El llamado está hecho a los católicos pero también a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Reiteran que el cristianismo no es alienación social sino la construcción de la paz, por medio del respeto y defensa de la vida. Unos pocos han puesto el grito en el cielo para denunciar intromisión en política y anunciar el abandono de la Iglesia. Sin arredrarse por esas amenazas, los buenos obispos todavía confían en que los gobernantes

ANTONIO MOSQUERA AGUILAR

pueden desempeñarse como estadistas para cambiar las políticas opresivas que desconocen el derecho de la ciudadanía al bienestar. Claramente indican que se necesita un nuevo modelo económico, especialmente en lo referido a la minería. Denuncian que el país trabaja para beneficio de una minoría explotadora y abusiva que promueve la impunidad. Como hombres de bien, creen que la codicia de los malos empresarios y la corrupción de los gobernantes patrioteros puede dejarse de lado, ante el hambre que campea en el país, la falta de oportunidades para los jóvenes y la ineficiencia para controlar la violencia. Empedernidos en esperar lo bueno, piden la conversión de genocidas y narcotraficantes.

Como se sabe, la oficina de planificación del gobierno se ha dado a la tarea de imaginar el futuro. Para el efecto, describe al país en el año 2050, en el 3000 y en el 3050. Como si estuvieran subidos en platillos voladores, hablan de miles de ciudades Cayalás, transportes en colchones hidráulicos, etc. El flamante ministro de Relaciones Exteriores, en su paso por esa oficina, en el tiempo que le dejaba libre la promoción de la narcoactividad, hacía las cuentas de la lechera, como si su imaginación fuera una realidad, dejando de lado los problemas que enfrentan los pobres todos los días. En lugar de proponer acciones concretas para mejorar el equipamiento urbano, la inversión pública y la promoción de empresas, se limitaba a esperar todo de inversores que hagan caso omiso de un país peligroso, cuyos gobernantes se han confesado aliados de los narcos.

Por ello, resulta importante la posición de los obispos. Sin asomo de ciencia ficción, con realismo, cercanos a los deseos de su feligresía y convocando a quienes se han alejado de la Iglesia, el llamado de los obispos no puede más que fortalecer a quienes luchan contra la injusticia, previenen la violencia, refuerzan la ley, defienden la soberanía de las agresiones del extranjero, fortalecen la persecución penal de genocidas, promueven la solidaridad entre los habitantes del país y participan honradamente en política para conseguir cambiar el rumbo de las cosas.

Gracias, obispos, por su magisterio comprometido con los que sufren, no solo para los católicos, sino para todos los cristianos de otras denominaciones, los no cristianos creyentes, los ateos y, en general, todos aquellos que piensan que el capitalismo no es el paraíso y no adoran al dios dinero.

Más noticias de Opinión

Herramientas

Videos

multimedia

© Copyright 2012 Prensa Libre. Derechos Reservados.

Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.