Iniciar Sesión
Registrarse
  Preguntas frecuentes
  |  
¿Olvidó su contraseña? 

13/01/13 - 00:15 Opinión

LA BUENA NOTICIA

Bautismo

Luego de un incendio donde la casa familiar quedó consumida, todos se dedican a buscar entre los escombros algún bien restante.

VíCTOR HUGO PALMA PAUL

De pronto, la abuela, con rostro emocionado y agitando algo en el aire, dice: “¡Menos mal que encontré la foto del bautismo de mi nieto Pedrito!” Expresión nada equivocada, excepto para el materialismo absoluto que valora lo que se tiene y no lo que se es. Apreciado y practicado por todas las confesiones cristianas, el bautismo (del griego baptismós = “baño”) posee una fuerza más allá de la mera “conciencia humana”, en cuanto que al igual que las primeras ayudas al niño (vestidos, alimentos, etc.) es toda una herencia gratuita desde el nacimiento. Se recibe pues, cuando aún no se lo conoce o se lo puede pedir o definir intelectualmente por parte del beneficiado. Pasada la Navidad, la Buena Nueva presenta hoy el bautismo del mismo Jesús, quien no recibe de Juan el agua para purificarse de sus pecados, sino para indicar su misión: aquel “entrar en el agua y salir de ella” diagrama su misterio pascual: “El Jordán se convierte en ese momento en un sepulcro líquido, figurando la muerte —entrada— y la resurrección —salida— que se cumplirán en la vida del Cristo” (cfr. Benedicto XVI, Jesús de Nazareth 1a. parte). Toda la misión del Señor ya está presente en aquel momento, es lo que él ofrece a la Humanidad: sepultar el mal y dar ocasión al bien como toda una existencia nueva.

Con razón el Año de la Fe 2012-2013 pone muy al centro el bautismo: 1) Se invita a visitar la “pila bautismal” como lugar donde se inició la unión con el Padre, Hijo y Espíritu Santo, es decir, donde se nació“por segunda vez y para siempre”. Es el momento de entrada a una existencia más allá del tiempo cronológico de la vida, a tal punto de que con mucha razón afirma una antigua lápida romana del siglo III: “Los bautizados pasan la muerte vivos”. 2) Se propone “vivir el bautismo”, es decir, ser coherente con esa vida nueva iniciada por don de Dios y no por mera “elección humana”, tal y como sucedió con toda la salvación, pues “gratuitamente nos fue dado todo bien” (2 Pedro 1, 3; 3). Así, el bautismo es la iniciación de un “camino de Fe” que involucra la existencia toda: aquella sepultura y resurrección en el agua que se comparte con Cristo “por puro don de Dios” han de realizarse diariamente con pensamientos, palabras y acciones propias de los que “están en Cristo” por el bautismo. En una época de “desafiliación de todo”, en una cultura de “transfuguismo” donde se cambia constantemente de “grupo, club, iglesia, partido”, aparentemente por elección personal, el bautismo parece pasado de moda. ¿Cómo es posible ser aquello que no se eligió o ni siquiera se comprende? Dilema que no se resuelve imitando gráficamente el baño de inmersión del Jordán en ríos o lagos nacionales “por opción personal”, como tampoco renegando del bautismo “impuesto”, sino profundizando su sentido. No es una conquista, sino un don; no una afiliación de gusto humano, sino una adopción divina. ¡Ningún bautizado puede decir que está solo! Ahora tiene una familia grande, la Iglesia, que no se cambia, como no se haría con una familia querida. Por lo que fue dicho en tono de urgencia: “Vayan y hagan discípulos míos a todos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mateo 28,18).

Más noticias de Opinión

Herramientas

Videos

multimedia

© Copyright 2012 Prensa Libre. Derechos Reservados.

Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.