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Opinión

INDEPENDENCIA

Cambiar es hacer futuro

Según es percibido, las nuevas autoridades se han dedicado a contarnos el pasado y comprobar desastres del gobierno anterior que ya sabíamos. De lo poco nuevo en el ambiente, se plantea con el eufemismo de un pacto fiscal una dizque reforma, diseñada en algunas oficinas corporativas de la zona 10 e insisten en clavarse, como popularmente se dice, al mismo grupo: la clase media, hombres y mujeres que habiendo votado por ellos, ahora no podrán usar la tradicional calcomanía “yo no voté por ellos”.

Juan Callejas Vargas

POR JUAN CALLEJAS VARGAS

Ha pasado un mes y no hemos escuchado ni palabras, ni ideas, ni propuestas, ni nada que se parezca a un pensamiento de futuro para el país. Estando como estamos, sitiados por el crimen y la delincuencia; hundiéndonos en el hambre, la miseria, enfermedad e ignorancia sempiterna; la mara naranja pretende favorecer con privilegios fiscales a los mismos y negocia los bienes naturales de la Nación como si fueran de su propiedad. ¡Qué tal!

Si ellos no son capaces de ver hacia el futuro, no permitamos que eso impida nuestro avance, y mientras lo hacemos, impidamos que la mara naranja termine de darles vida a los planes perversos de una oligarquía que no termina de entender que ya no somos tan pendejos.

Guatemala tiene futuro, y aunque sigamos arrastrando la pesada carga de un Estado obsoleto, hoy tomado por mara de otro color, redoblemos el esfuerzo y la voluntad puesta en el trabajo honesto, mientras exigimos de nuestros congresistas con notas, mails y espacios de expresión pública de estaciones de radio y diarios, un comportamiento menos bastardo.

Adapto para este artículo una reflexión que alguien me envío y atribuida a una dama de la política mexicana, cuando se refería a las groserías que hoy vivimos y contra lo cual, el planteamiento de más impuestos para la clase trabajadora se debe enfrentar:

“Grosería es que el salario mínimo de un trabajador sea de Q63 al día —Q1 mil 890 al mes— y el de un funcionario de Gobierno sea alrededor de Q1 mil diarios, pudiendo llegar con dietas y otras prebendas a Q46 mil, sin contar carros, chóferes, gasolina, guardaespaldas, etc.

Grosería es que los funcionarios del Banco de Guatemala, la Contraloría de Cuentas, el Procurador de Derechos Humanos y la SAT se suban sus sueldos en el porcentaje que les apetezca. Grosería es comparar la jubilación de un magistrado de la Corte Suprema de Justicia o de la Corte de Constitucionalidad con la de una viuda. Grosería es que un ciudadano tenga que cotizar 35 años para percibir su jubilación y a los magistrados les baste solo con tres o con seis años, según el caso, y que los corruptos del Gobierno, para cobrar la pensión máxima, solo necesiten jurar el cargo.

Grosería es colocar en la administración a miles de asesores —léase amigotes con sueldo— que ya desearían los técnicos más calificados. Grosería es que a un político no se le exija superar una mínima prueba de capacidad para ejercer su cargo —y no digamos intelectual o cultural—, mientras que a todos los demás nos exigen haber pagado hasta el boleto de ornato. Grosería es el costo que representan para todos nosotros los ciudadanos sus comidas, coches oficiales, choferes, viajes —siempre en clase especial— y tarjetas de crédito por doquier. Grosería es que nos oculten sus privilegios mientras la pobre gente está comiendo m... ¡Qué grosería!”.

Dele a Guatemala una oportunidad, su participación es importante para impedir que, una vez más, la inercia de la historia y sus vicios nos atrape en el pasado.


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