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Prensa Libre

29/01/13 - 00:00 Opinión

PUNTO DE ENCUENTRO

Cambio de era

Este fin de semana se desarrollaron en Chile dos eventos de enorme importancia: la segunda cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y la cumbre conjunta de este recién nacido organismo con la Unión Europea. Los dos eventos marcan el peso creciente de América Latina y el Caribe como actor independiente en la escena mundial. Un cambio de dimensiones históricas basado en dos elementos centrales: la extensión como nunca antes de la democracia y la estabilidad política en toda la región,

MARIELOS MONZóN

junto con la decisión de unirse y hacerlo en forma independiente, y, además, un sostenido período, también inédito, de crecimiento económico. El mérito corresponde a toda la región, pero hay que decir que los avances en ambas dimensiones —la política y la económica— han tenido como impulsores a los gobiernos de izquierda y progresistas, que son también un cambio histórico.

La Celac constituye una transformación sustancial en la historia del Continente, rompe con más de cien años en los que todas las iniciativas las promovía Estados Unidos y estaban bajo su control. En 1890 se creó la Unión Internacional de Repúblicas Americanas, en 1910 la Unión Americana y en 1949, la Organización de Estados Americanos (OEA), todas con sede en EE. UU.

La Celac —que nuclea a los 33 países independientes de la región, agrupa a 550 millones de personas en un área de más de 20 millones de kilómetros cuadrados— representa por vez primera la unidad de los latinoamericanos y caribeños sin tutelas. Es un paso enorme para tener voz y peso propios en un mundo en crisis, supera la también histórica dispersión en bloques subregionales como el Sistema de Integración Centroamericana, el Pacto Andino, el Caricom y el Mercosur.

En primer lugar, entonces, la consolidación de la Celac es un hecho de enorme importancia. Desde la cumbre de Santiago, Cuba asumió la presidencia. Esa es también una señal política muy fuerte de soberanía y de independencia. En segundo lugar, el diálogo con la Unión Europea se da en un plano de igualdad, la situación inédita de este encuentro es que América Latina está creciendo, reduciendo la pobreza y avanzando en su unidad política, mientras que Europa está en crisis en todos esos aspectos; esta es una muestra clara de los nuevos tiempos.

Como quería Europa, las inversiones y las garantías para las mismas fueron un centro de las discusiones, pero nuestra región hizo oír su voz. José Mujica, presidente de Uruguay, reclamó: “Vivimos en un mundo donde se especula con el precio del petróleo, trigo, soja, arroz, comida, de las cosas más sagradas del hombre para mantenerse vivo, y permitimos que siga existiendo esa especulación financiera”. Cristina Fernández, presidenta de Argentina, demandó un compromiso de “regulación de los capitales globales”. Evo Morales, presidente de Bolivia, recordó a los europeos: “Necesitamos socios y no dueños que vengan a saquear nuestros recursos naturales”. En la reunión se definió que “la erradicación de la pobreza es el mayor desafío global que enfrenta el mundo de hoy”. Sin duda, son signos de los nuevos tiempos. Parece que la Celac es parte de un cambio de era, un verdadero B’aktun político.

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