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09/08/13 - 00:00 Opinión

VENTANA

Camila

Cuando cargo a Camila, mi nietecita recién nacida, se me olvida el mundo. Le canto, “arrorro mi niña, arrorro mi sol, arrorro pedazo de mi corazón”. Gozo verla dormir tan plácidamente entre mis brazos. Le hablo calladito para que me escuche. Aunque esté dormida, su almita nueva vibra junto a la mía. Desde este nivel profundo Camila y yo conversamos. Camila respira suave. Sueña. Me inspira su paz. Me relaja. Me recuerda que nacemos sin prejuicios, sin odios, sin maldad.

RITA MARíA ROESCH

Nacemos con el corazón abierto pero con el paso del tiempo los malos ejemplos lo vuelven a cerrar.

El halo de pureza que emana de su cuerpecito me impacta. Me habla de un ser que está presente, que es espontáneo, dispuesto a aprender. La cristalina limpieza de su alma evoca una fuerza escondida que nos acompaña al nacer. ¿Cuál es esa fuerza escondida? Camila me respondió extendiendo sus brazos confiada en mi abrazo. “Fe”, me dijo su rostro tranquilo.

Dormida, Camila puja, se estira, suspira. Me hipnotiza solo el verla. Es tan pequeña, tan frágil, pero tan fuerte a la vez. Tan bella, tan tierna. Su piel fina es traslúcida como un delicado papel. Su inconfundible aroma de bebé despierta mi instinto maternal que me vuelve a enganchar a la vida. Es como un tónico que me fortalece para caminar más.

Camila me premia cuando abre los ojos. Nuestras miradas se encuentran, se reconocen y le vuelvo a cantar, “arrorro mi niña, arrorro mi sol, arrorro pedazo de mi corazón”. Ella escucha alerta, pero más que todo me siente. Imposible mentir cuando se habla desde el corazón.

Yo, ¿qué puedo enseñarle a Camila? Nada puedo enseñarle. No quiero caer en esa trampa. Lo que sí quiero es jugar con ella en el jardín. Me ilusiona que nos tiremos en la grama para observar a las hormigas, para ver cómo caminan por los senderos de tierra con su preciosa carga hasta el hormiguero. Quiero mostrarle una telaraña sutil que se esconde entre las ramas del señor Ciprés, y que la picardía de un rayo de sol por instantes delata. Quiero que entremos al bosque tomadas de la mano, en silencio, como un sagrado recinto, para escuchar el hilo de agua del arroyo, el canto del guardabarranca, el chasquido del viento entre las copas de los árboles. Quiero jugar a tocarnos la punta de los pies y desde el suelo mirar hacia el cielo para ver el mundo al revés. Quiero con ella ser niña otra vez.

Será un deleite saber qué la emocionará del mundo para acompañarla en el descubrimiento de su misión en la vida. Su generación es la futura semilla que florecerá a mediados de este tercer milenio. Camila formará parte de la nueva era, será ciudadana del planeta. Vivirá en comunidades globales, sin fronteras, con todo lo bueno y lo malo que esa conectividad conlleva.

Con mucho cuidado la acosté en su cuna. Me alejé en puntillas. La vi de lejos, le dije, ¡Gracias, Camila, por venir al mundo! Todos estamos felices. Junto a ti ¡celebraremos la vida!

Correo: imagen_es_percepcion@yahoo.com

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