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16/12/12 - 00:00 Opinión

Plumas invitadas

Candidatos en ciernes

los recientes anuncios de precandidaturas presidenciales y la actividad de algunos excandidatos han despertado señalamientos de quienes lo consideran ‘campaña anticipada’. Estas críticas no toman en cuenta las presiones e incentivos a los que están sometidos los partidos políticos. Para entender este comportamiento es necesario recordar que la razón de ser de los partidos es organizarse para proponer candidatos a cargos de elección popular.

HUGO NOVALES CONTRERAS


Aunque la teoría pretenda que los partidos agreguen intereses, intermedien entre el Estado y la sociedad, y ejerzan una labor de representación, entre otras funciones, lo cierto es que estas siempre están supeditadas a la posibilidad de ejercer el poder: este es el incentivo que mueve a toda organización política.

Si un político anuncia anticipadamente su intención de ser presidente, es porque sabe que hay otros interesados en serlo.

Dicho candidato se sabe en desventaja frente a otros que, al haber competido en elecciones anteriores, son conocidos por la ciudadanía como presidenciables, sin hacer anuncio oficial alguno.

Estos actos pueden surtir efectos negativos: incremento de la polarización, consecuencia natural del inicio de la competencia por el voto ciudadano o el aumento de los ataques al partido de gobierno, acelerando la pérdida de su legitimidad y debilitando la gobernabilidad. El riesgo mayor es la emergencia de un esquema de intereses favorable al bloqueo del Legislativo: al intensificarse la competencia, los partidos mayoritarios podrían interesarse más en frenar las iniciativas del oponente que en impulsar las propias y lograr acuerdos.

Sin embargo, existen oportunidades importantes. La certeza sobre las candidaturas presidenciales facilita la constitución de alianzas, entre partidos y entre actores no partidarios. Además, si alcanzar el poder es el mayor incentivo que tienen los partidos políticos para organizar sus bases, comunicar su mensaje a la población, recibir demandas para convertirlas en propuestas o promover el debate público, el anuncio de una precandidatura materializa ese incentivo, lo hace más real.

Así, los anuncios prematuros tienen el potencial de activar el trabajo partidario en períodos no electorales, necesario pero inexistente en Guatemala. La legislación electoral actual, por sus debilidades y defectos, es poco útil en esta discusión.

Lo relevante es valorar las consecuencias de los actos en cuestión, para alimentar el debate sobre la necesaria reforma de dicha norma.

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