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01/03/13 - 00:00 Opinión

VENTANA

El Caracol del Tiempo (II)

Los museos exhiben los grandes logros de las generaciones que nos antecedieron. Son un tributo al espíritu creativo, a la inteligencia, al coraje de una comunidad humana que tejió su propia historia desde sus sentimientos más profundos. Los museos son un medio para preservar, investigar y educar a la comunidad sobre su patrimonio histórico-cultural. Son una fuente de conocimiento ágil y atractivo. Actúan como agentes dinamizadores de la economía de la zona donde se encuentran porque generan nuevas fuentes de trabajo y reactivan el interés turístico.

RITA MARíA ROESCH

Los guatemaltecos tenemos la dicha de ser herederos de la milenaria civilización maya, una de las culturas brillantes que ha existido en la humanidad. Los mayas durante su etapa de florecimiento superaron los niveles de sobrevivencia. Encontraron una manera de armonizar su vida desde una perspectiva muy distinta a la occidental y lo expresaron artísticamente, en su arquitectura, en la piedra y en el jade, de una manera única y bella.

La paradoja está en que los chapines del siglo XXI no hemos alcanzado parámetros de calidad de vida como los que lograron los mayas en épocas tempranas. Para el maya antiguo no fue solo importante “tener”, sino se inclinó por desarrollar su enorme potencial que deviene del “ser”. Este tema filosófico merece un artículo aparte, pero es importante señalar que es una lección ejemplar que las jóvenes generaciones deberán investigar y preguntarse: ¿cuáles fueron los valores de vida que condujeron al florecimiento de esta cultura milenaria?

“El parque arqueológico de Tak’alik A’abaj no estará completo si no tiene un museo de sitio”, me dijeron Christa Schieber y Miguel Orrego, arqueólogos de Tak’alik A’abaj. “Existen muchos objetos que dejaron sus antiguos habitantes y que después de recuperarlos del suelo que los guardó durante siglos, por su naturaleza frágil y tamaño portátil, no pueden exhibirse en los senderos del parque. Las vasijas elaboradas para contener alimentos y bebidas, los utensilios que usaron para su preparación como los metates, las joyas que ostentaron los gobernantes, nos cuentan de una manera más íntima el estilo de la vida de sus antiguos dueños. Necesitamos un espacio adecuado para poder exhibirlos y protegerlos”.

“El museo será como un poderoso imán”, susurró el Clarinero. Muchas piezas que han sido encontradas por los habitantes en las comunidades que rodean el sitio serán devueltas. A diferencia de lo que ha sucedido en otros sitios arqueológicos, los pobladores de esta zona no las vendieron, sino que las han guardado como veneradas reliquias y las donarán al museo cuando esté terminado. Lo mismo ocurrirá con valiosísimas piezas de jade que fueron depositadas en el Museo de Arqueología en la ciudad capital para su protección.

El diseño del museo con la forma de un caracol es una bella provocación para que el visitante realice un viaje en el tiempo desde los orígenes de Tak’alik A’abaj hasta nuestros días e inclusive más allá, sin perder el impulso, será proyectado hacia el futuro enriquecido con la experiencia de las lecciones de vida de sus antiguos habitantes.

¡Esperamos estar inaugurando pronto El Caracol del Tiempo!

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