El voto y la culpa

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Con eso de votar nulo para que no privaticen las papeletas no marcadas, los que están pensando en clave fraude, no hay que tragarse la pildorita tampoco. Ya vimos a un partido nuevo saliendo a la cancha electoral con 12 mil firmas falsas de afiliados en sus listados. Si esto sucede a la salida, y ya se habla de nuevo de muertos votando en las elecciones 2015, pensemos qué democracia estamos legitimando con nuestro voto. Decirle no a un voto en este contexto político, es un ejercicio ciudadano más consciente y responsable que votar sólo por votar. Llevamos décadas escuchando que aquí se vota pero no se elige. Si seguimos haciendo lo mismo, no llegaremos a ningún lugar distinto.

¿Qué tal nos caería un movimiento ciudadano amplio a favor del “no voto hasta que no haya democracia”? ¿Esto no obligaría a la clase política a caminar en otra dirección, a impulsar una reforma de fondo de la ley electoral y de partidos políticos?  ¿No estaríamos más tranquilos con nuestra decisión que cuando nos tenemos que poner a cuestas el compartir los resultados de un mal gobierno? No hay dioses sin sus criaturas, así que no habría esta clase de políticos sin sus electores. Pensemos en esos términos: hay complicidad en el voto.

Yo voto por la democracia, por las niñas y niños de Guatemala, por un cambio de fondo en el sistema político del país. Si usted siente que, al momento de marcar la papeleta, hay un ojo en su espalda que todo lo ve, es sólo su imaginación, nutrida de mitos y creencias propias de todo sistema autoritario. Un sistema de honor se basa en pactos de confianza y en la responsabilidad personal de lo que hacemos, no en sentir que la mejor razón para votar son los ojos de quien podría castigarnos por no hacerlo. Este perverso sistema de “voto porque así lo manda la democracia pero en realidad no elijo”, se ha celebrado con mucha pompa en nuestro país, pero con muy poca honestidad de casi todas las partes. Claro que los afiliados de los partidos votarán de nuevo con mucha convicción (basta ver el nivel de transfuguismo de alcaldes y diputados), pero sería muy interesante ver un movimiento ciudadano amplio y franco, alejado del miedo al vacío por no votar, tan reforzado por el márquetin político.

Imagine que el nivel de abstencionismo en las elecciones 2015 preocupara en serio a la clase política. Imagine que se den cuenta que, en una democracia de verdad, el voto habla. Imagine que usted puede ser parte de un movimiento democrático que promueva cambios de fondo. Imagine que llegamos a vivir en democracia, y que desde allí logramos una verdadera revolución.

cescobarsarti@gmail.com

ESCRITO POR:

Carolina Escobar Sarti

Doctora en Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad de Salamanca. Escritora, profesora universitaria, activista de DDHH por la niñez, adolescencia y juventud, especialmente por las niñas.