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21/05/13 - 00:00 Opinión

REGISTRO AKÁSICO

Compras de armas

Una economía fuerte o al menos, como la nacional, parcialmente estable permite decidir la compra de bienes que no ingresan de manera directa en la producción. La adquisición de armamento solo puede explicarse para fortalecer la seguridad y la soberanía. Los países se ven impelidos a realizarlas por amenazas delictuosas. Cuando el país decidió la compra de una flotilla de aviones Súper Tucano, le animaba conseguir el control del espacio aéreo, ante las transgresiones de narcotraficantes. De no hacerlo, se corría el peligro de que alguna potencia

ANTONIO MOSQUERA AGUILAR

se arrogara el derecho de intervenir, so pretexto de controlar ese tránsito ilegal. Los aviones adquiridos son eficientes en razón de su coste de vuelo por hora, su acoplamiento a sistemas informáticos y capacidad de intercepción aérea. Esas mismas consideraciones llevaron a los mismos EE. UU. a comprar 20 Súper Tucanos, según declaró el 27 de febrero de este año, José Antonio Filippo, vicepresidente de Embraer.

Por ello asombra que el presidente de El Salvador, Mauricio Funes, anuncie que negociará con Chile 10 aviones usados A-37. Es decir, los utilizados en la década de 1980 del siglo pasado por la Fuerza Aérea de Guatemala. Para Chile es un negocio redondo: se deshace de sus viejos aviones recibiendo US$8.6 millones, mientras que para los salvadoreños parece un negocio fraguado por traficantes de armas.

En efecto, vendedores bélicos han sido alertados por las compras de aviones, armas para la Policía, etc. en nuestros países. De dónde han comenzado a lanzar sus ofertas de compartir comisiones, invitaciones de visitas a sus instalaciones y toda una colección de propuestas propias de cualquier mercachifle. No se dan cuenta de que se trata de un esfuerzo fastidioso que la necesidad obliga a realizar. La ciudadanía desea que tanto el Ejército como la Policía Nacional Civil tengan el armamento adecuado para disuadir a los audaces en sus acciones violentas. Por el contrario, se opone a iniciar carreras armamentistas en función de las armas que compra el vecino o armar a sus policías con medios no proporcionados para la seguridad pública.

Así, pues, el Ministerio de la Defensa debería abstenerse de estar haciendo invitaciones a vendedores de armas para la guerra, como la realizada a Rosoboronexport para que visite el país. Esas acciones contrastan con el inicial rechazo que tuvo la comandancia general en la compra de los Súper Tucano. En lugar de fortalecer la industria militar para que refaccione los blindados y otros equipos que sufren el paso del tiempo, se han dedicado a minar su solvencia económica y no han defendido la honestidad de las negociaciones en las que se ha involucrado. Tampoco han creado una unidad de desarrollo científico-tecnológico que permita crear medios adecuados para la defensa nacional.

Qué se puede esperar de funcionarios que creen que hay enemigos internos, que añoran ser anticomunistas y piensan que su enriquecimiento personal está por encima del bienestar de la Nación.

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