Registrarse ¿Por qué registrarse?

Con tu usuario podrás:


- Ingresar al visor de la edición impresa
   de Prensa Libre

- Comentar cada nota publicada
   *ver términos y condiciones de uso
   del portal

- Obtener beneficios y promociones
   para usuarios registrados de
   Prensalibre.com


Olvidó su contraseña?

Opinión

SI ME PERMITE

Construyamos una nueva nación

“El valor de una nación no es otra cosa que el valor de los individuos que la componen”, John Stuart Mill. A Dios gracias ha terminado el correr de un cambio de gobierno y todo lo que ello significa en una cultura como la nuestra. Muchas de las actividades que requiere esto han quedado atrás, al menos por algunos años. Hoy deberíamos empezar a ver qué podemos hacer para que ya no nos avergüence de lo que nuestro país muestra y proyecta y empecemos a poner el empeño para llegar a sentirnos orgullosos de nuestro país y de lo que tiene.

Samuel Berberián

POR SAMUEL BERBERIáN

Es fácil de entender que no todos somos iguales y tampoco tenemos el espacio para poder influenciar el medio en el que nos movemos. Entendemos que hay personas que han sido electas, otras que se han integrado en mandos de autoridad que deben hacer su papel para que los cuadros cambien para bien y podamos ver claridad al final del túnel.

Debemos ser conscientes que muchas veces, por un ciudadano y su proceder, se manchan las instituciones a la que este pertenece, así como si en un restaurante una persona al servir no cumple su deber para el cual fue contratado, uno sale y dice que en ese restaurante no lo atienden bien.

Si pido un servicio en una dependencia pública o privada, y soy mal atendido, el concepto negativo que emito es para la entidad y la que termina siendo la mala.

Lo mismo pasa en un colegio cuando un maestro no cumple, es el colegio el que no cumple y a veces no sirve. Es claro que usted me dirá que soy injusto y mal califico a la institución, pero debemos entender que cada individuo que participa o representa una institución carga sobre sí con la responsabilidad de poner en alto la institución que le abre el espacio para que pueda trabajar.

A mayor investidura, mucho mayor la responsabilidad en el cuidado que se debe tener. En una nación, claro, la más alta investidura la tiene el excelentísimo señor presidente. En igual medida la tiene cada uno de los que están bajo su autoridad, sin olvidar que esto alcanza hasta al último ciudadano sin importar cuál sea su ocupación o involucramiento.

Cada vez que reclamamos por el incumplimiento de una autoridad en la responsabilidad asignada, también nos exponemos a nosotros mismos para preguntarnos cuán cumplidos somos nosotros antes de levantar el dedo acusador para reclamar. No se necesita mucho para exigir, lo que requiere mucha sobriedad para evaluar cuán cumplidos somos en nuestro deber no porque nos reclaman, sino porque nos ponemos normas para cumplir.

La mejor pregunta que podemos formular para poder evaluar la realidad de hoy y nuestra patria sería: “¿Qué pasaría si todos los ciudadanos de mi país fueran como yo y siempre actuaran como yo lo hago?”. Claro está que hace falta mucha humildad para admitir nuestra realidad sin valorarnos más que la realidad que nuestro prójimo conoce de nosotros.

En la medida en que entendemos la realidad y la dimensión de lo que perdemos, más rápido estaremos dispuestos a tomar medidas para modificar nuestro modo de ser, sin importar si los otros lo hacen o no. Porque si esperamos que otros tomen la iniciativa primero es de muy mal gusto de nuestra parte. Seamos ejemplo, no simples seguidores de las masas.

Cada uno de nosotros, con nuestro modo de ser, estamos escribiendo la historia de cómo nos recordarán y si se avergonzarán de nosotros o se sentirán orgullosos.


Más noticias de Opinión

Herramientas

Último momento

© Copyright 2012 Prensa Libre. Derechos Reservados.

Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.