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Prensa Libre

09/01/13 - 00:00 Opinión

ECLIPSE

Corre y va de nuevo

Segunda semana del primer mes. Es momento oportuno no solo para fijar o ratificar nuestras metas y propósitos personales para este año, sino para pensar en los aportes que podremos dar al país para evitar continuar en esta caída libre en la que vamos. Probablemente algunos considerarán que ese no es “su problema”, sino del gobierno de turno, pero eso precisamente es lo que ha provocado que pase cualquier barbaridad sin que nada suceda, salvo las críticas temporales que se diluyen en cuanto llega el siguiente escándalo, cuyo futuro será el mismo que el del anterior.

ILEANA ALAMILLA

Con cada campaña electoral podemos constatar la cantidad de falacias y verdades a medias con las que los aspirantes a gobernar engatusan a los votantes, invirtiendo millonarias sumas de dinero. Luego viene el ciclo perverso que se repite sin fin. La campaña del perdedor no termina con las elecciones, toma una nueva ruta, usualmente para desgastar al ganador.

Con ese propósito diseña cualquier artimaña, estrategia o treta para desacreditarlo. Bloquea proyectos, iniciativas o propuestas, sin importar si eso implica afectar al país. Compra diputados, entorpece, a cualquier precio, la labor en el Legislativo. “Fiscaliza” instituciones para desgastarlas. Recurre a cualquier subterfugio jurídico para alcanzar sus aviesos intereses, acude a toda clase de artificios para evitar algún logro de quienes están en el ejercicio temporal del poder.

Hace campaña electoral violando la ley, en las narices de las autoridades electorales. Se presenta como el salvador ante los incapaces que no pueden resolver los problemas urgentes del país. Asegura contar con los cuadros y las soluciones para cualquier dificultad que se presenta. Adopta poses, frases, eslogan y activa a sus peones, en todas las modalidades, para que estén mediáticamente colocados.

Mientras tanto, el grupo vencedor en las elecciones constata lo que estuvo criticando mientras estaba en la llanura. Percibe la realidad color de hormiga. Encuentra al Estado en harapos, cada vez más medio desnudo; los financistas exigen el cumplimiento de los compromisos de manera inmediata; los corruptos que están adentro y afuera son más de la cuenta y sus ambiciones no tienen límites. El crimen organizado y los narcos son mucho más poderosos, activos e influyentes de lo que se preveía y resulta que los recursos son tan escasos que la repartición requiere contar con alguien bien dotado en el arte de la magia.

Y por su parte, los llamados “partidos políticos” siempre se precian de tener los cuadros bien formados para hacer gobierno. Se cuidan de no ser tildados de alguna ideología, toman distancia de posturas radicales para ser queda bien con todos los gustos, sabores y olores. Cuando por fin alcanzan el poder, resulta que ni tienen la cantidad de profesionales que necesita el Estado, mucho menos cuentan con recursos calificados para el desempeño de tan delicada labor.

Y así, cual telenovela, continuamos período tras período. El gobierno actual es similar a sus predecesores y la oposición repite el mismo juego irresponsable del desgaste por el desgaste mismo.

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