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10/01/13 - 00:00 Opinión

IDEAS

Corrupción fantasma

El cierre de Fonapaz es uno de esos casos paradigmáticos en la Guatemala donde los muertos acarrean basura. Se cierra por corrupción, pero no hay corruptos. El fantasma de la corrupción -en un sentido muy literal y no alegórico- se paseó durante un año por los pasillos de la institución, sin que nadie lo viera, pero bien que se llevó el dinero. Según lo declaró el presidente, la corrupción en la entidad venía desde los gobiernos anteriores. A pesar de que pusieron a un hombre “del partido” a dirigirla y que la llenaron de personas “del partido”, la corrupción no se fue.

JORGE JACOBS A.

Permaneció igual que durante las anteriores administraciones, esas sí, corruptas.

Por más que los del PP intentaron que el fantasma se fuera, no lo hizo. Resistió el agua bendita, las limpias con chilca y ruda, las sesiones con médiums, las sesiones de Ouija, los procesos de exorcismo, tanto con sacerdotes católicos como con pastores evangélicos. El fantasma fue más poderoso que todos los medios que a la gente del partido se le ocurrió para tratar de echarlo de Fonapaz.

Cuentan algunos guardias que durante las noches se escucha al fantasma en las máquinas de escribir llenando papelería para justificar los fondos que desaparecen. Al otro día, la gente del partido siempre encontraba la papelería en regla y todas las salidas del dinero justificadas. Lo que nunca encontraron es adónde se llevaba el fantasma el dinero.

Pidieron a la CGC que por favor intentara mediar ante el fantasma para que ya no se robara los fondos de los tributarios, pero los auditores dijeron que no encontraron nada fuera de orden. El fantasma había puesto todos los sellos donde iban. El fantasma —que de seguro llevaba décadas haciendo el mismo trabajo— era muy hábil y sabía cumplir con todos los requisitos que la burocracia dictaba, por ello, con todo el dolor de su corazón, los auditores de la Contraloría no pudieron cachar al fantasma en nada y hasta le dieron un diploma por cumplir tan ejemplarmente con todos los pasos burocráticos hasta el más mínimo detalle. Uno de los auditores incluso intentó convencer al fantasma de que se cambiara de edificio y se mudara al de la Contraloría. Pero el fantasma no se quiso ir. Intuyó que allí no podría robar fondos, que era su pasión.

Ante la total impotencia para combatir las fuerzas sobrenaturales del fantasma de la corrupción, el partido claudicó. Decidieron que si no podían sacarlo de los pasillos del fondo, lo que harían es quitarle el fondo de los pasillos. Dicho y hecho, hicieron la pantomima de cerrar el fondo, pero lo que realmente hicieron fue pasarlo a otras instituciones, con todo y el personal del partido. Como revancha le tendieron una trampa al fantasma, que tendría que conseguir algo del dinero robado para pagar las deudas que dejaron en el fondo.

El fantasma se quedó descorazonado, pero pronto se recuperó y empezó a vagar por las calles de la ciudad para decidir cuál de las otras instituciones del Gobierno sería su próxima morada. Las malas lenguas dicen que le gustó una casita atrás del palacio…

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