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16/04/13 - 00:00 Opinión

HOMO ECONOMICUS

Costo del conflicto

El conflicto armado en Guatemala tuvo un costo que no solamente se puede medir por las vidas que se perdieron. Tuvo también un costo económico altísimo que pagó toda la población con el innecesario sufrimiento que trae la pobreza. Querer regresarnos al conflicto, de nuevo, empobrecerá a todos a costa del beneficio de unos pocos. Cuando se firmó la paz en 1996 un 45 por ciento de la población era menor de 15 años. Casi la mitad de la gente no tuvo una conciencia clara de lo que se vivió durante los peores años del conflicto.

JOSé RAúL GONZáLEZ MERLO

Peor aún, como dijo Manuel Conde, “la historia de la guerra está escrita con la mano izquierda” producto del claro sesgo ideológico con el que fue deliberadamente registrada. Pero hay una historia que se mide con números y que nos puede ayudar a entender las consecuencias económicas de ese conflicto. Conocer esa historia nos debe urgir a no permitir que los interesados nos conduzcan a nuevos conflictos.

En 1980 Guatemala ya llevaba décadas de conflicto armado y estaba a las puertas de lo que en El Salvador se llamó“la ofensiva final” de la guerrilla. En ese año, cada guatemalteco producía, en promedio US$5 mil 200 al año. Seis años más tarde, el país había tocado fondo. La guerra había recrudecido. La infraestructura productiva había sido minada. La confianza en el país estaba en un punto bajo. Estábamos en medio de una crisis económica regional. Como consecuencia, la capacidad productiva del guatemalteco había caído 20%. En términos reales, retrocedimos a producir solamente US$4 mil 200 por habitante por año; ¡lo mismo que se producía 13 años antes!

En buena medida la guerrilla había logrado su objetivo parcialmente: destruir la capacidad productiva del sector privado. El fin justificaba los medios. El conflicto había aumentado los índices de pobreza y ese era el “caldo de cultivo” sobre el que la guerrilla buscaba capitalizar. No obstante lo anterior, su derrota militar cambió la tendencia de la situación económica y, habiendo tocado fondo, los habitantes comenzaron a producir cada año más. Pero no fue sino hasta el 2007 que logramos volver a producir los mismos US$5 mil 200 por habitante. ¡Nos tomó 27 años regresar a tener la productividad de 1980! Moraleja: destruir es fácil; construir y reconstruir toma una generación.

La amnistía otorgada por los delitos de la guerra tenía un propósito: “Borrón y cuenta nueva”. El llamado a un “nunca más” también tenía un sentido. Sin embargo, la invención del delito de “genocidio” con la excusa de “justicia” busca revivir viejos conflictos para beneficio de un reducido grupo de “activistas” que viven de eso. Lograr una condena sería ganar la “Champions League” de los acusadores. Pero, para el resto de guatemaltecos, representará pagar, con más pobreza, el costo de los nuevos conflictos que se gestionarían. “Conocer la verdad” no tiene nada de malo. Pero, por donde nos están llevando, “el caldo nos saldrá más caro que los frijoles”. Los ciudadanos conscientes no podemos permitir que se nos imponga, de nuevo, la pérdida económica de otra generación de pobres.

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