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Opinión

PARALELO 30

¿Crecer más o mejor?

¿Cuál es el precio de vivir en un país desarrollado y cuál es el costo de vivir en un país subdesarrollado? Aunque son cosas distintas llevan a una discusión común: mejorar la calidad de vida individual no es gratis. En el debate público da la impresión de que algunas personas temen vivir en un país desarrollado. ¿Pensarán que un país donde la población educada es más violenta o menos consciente de sus actos a terceros, o que respetan menos la ley? ¿Pensarán que una población con mejores índices de salud o de nutrición serán menos productivos o ladrones que vivirán más años?

Samuel Pérez- Attias

SAMUEL PéREZ- ATTIAS

O tal vez leyeron libros equivocados y consideran que más gente educada significa más masa crítica ante los abusos de quienes detentan poder, sea este político, económico, religioso o militar y representa consecuentemente un peligro para el statu quo, como producir con costos de mano de obra debajo del promedio mundial. Sarcasmo aparte, las sociedades avanzadas se catalogan así precisamente porque tienen un común denominador: mejores niveles de desarrollo humano integral, sostenibles en el tiempo y para toda la población.

Se ha aceptado, partiendo de la disciplina económica ortodoxa, la utilización del indicador de productividad por excelencia —tasas de crecimiento del PIB per cápita— como medida de bienestar en una sociedad. Sin embargo, existen falencias en esa premisa. El crecimiento económico per se es una condición deseable mas no suficiente para alcanzar mejores niveles de vida. Cabe preguntarse: ¿crecimiento económico para qué, para quién y por cuánto tiempo?

Es que un crecimiento económico acelerado no necesariamente es un indicador de bienestar. El mismo creador del PIB y de las Cuentas Nacionales de EUA, Simon Kuznets, advirtió al Congreso norteamericano en 1934: “…el bienestar de una nación puede escasamente inferirse utilizando sus ingresos como medida”. Es decir, el indicador de riqueza monetaria a nivel agregado no es indicador confiable del bienestar de la población. Que Zambia o Guatemala tengan aceleradas tasas de crecimiento no precisamente significan que sus habitantes vivan mejor que hace 10 años.

La pregunta subyacente es: ¿cómo el crecimiento económico puede mejorar la calidad de vida de todos los habitantes en el largo plazo y autosostenidamente? Respuesta difícil de contestar a través del pensamiento fundamentalista de la ortodoxia económica. Probablemente el mejor gobierno sea el autogobierno, es decir, mientras menos se necesiten de intervenciones externas para que cada individuo realice su proyecto de vida, más libertad individual existirá y, por consiguiente, más oportunidades en la toma de decisiones personales.

Sin embargo, con desigualdades en el acceso a oportunidades de movilidad social en Guatemala, ¿hasta qué punto es eso posible? ¿Es justo liberar la economía en uno de los 15 países más desiguales del mundo? Crecer económicamente sin derramar los beneficios a las mayorías debido a las asimetrías y la exclusión de oportunidades es lo que mantiene a Guatemala estancada en materia de desarrollo humano, ambiental y social.


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