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18/03/11 - 00:00 Opinión

LO QUE EXPRESO

Crímenes de alto impacto

Angélica Aimé Martínez Vivar, una adolescente de 16 años y estudiante de Magisterio en el Instituto Normal Centro América, fue alcanzada por un fuego cruzado entre delincuentes y un pasajero, en un bus del transporte urbano que del Centro Histórico se dirigía a una de las colonias de Mixco. Esto sucede en Guatemala en los días en los cuales Ban Ki-moon, secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, visita el país para dar su espaldarazo a la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala y al gobierno de Álvaro Colom.

JOSé MIGUEL ARGUETA

Esta comisión es un experimento histórico que la ONU realiza en la nación cuya acción se mezcla en un juego político jurídico distinto al que otrora hicieran la Minugua y otros organismos internacionales establecidos en Guatemala.

La muerte de Angélica va unida a lo que la Alianza Internacional para la Consolidación de la Paz, asociada a la ONU, llama: consecuencias de políticas públicas represivas herederas del conflicto armado interno. Los cotidianos asaltos a buses, el narcomenudeo, el sicariato, la extorsión quedan, en más del 98% de los casos, en la impunidad. ¿Esos no son crímenes de alto impacto?

Las compañeras de estudios de esa joven adolescente asesinada, con la indignación que causa que, en medio de la visita de los presidentes centroamericanos, representantes de organismos internacionales, manifestaron su repudio a la violencia pese a que se celebra la extensión del mandato de un organismo que está interesado en la resolución de casos de alto impacto de otra Guatemala. La Guatemala de la ONU, de la Cicig y de Álvaro Colom no es la misma que la de mis paisanos chapines que todos los días enfrentan violencia, arbitrariedad de pilotos, brochas, en el cobro antojadizo de pasaje, a pesar de los millones de quetzales invertidos en el subsidio al transporte. Subidos en ese vehículo infernal que es el transporte público de rutas cortas de la ciudad de Guatemala ocurren violaciones, asaltos, explosiones de bombas, vejámenes, aglutinando masas de personas. Esto refleja la miopía de Ban Ki-moon, sus representantes contra el crimen en Guatemala, el partido de gobierno y su enclaustrado interés en el continuismo político.

La falta de productividad del país ha provocado las olas de migrantes, que dejan solos a sus hijos, sin educación, los entornos familiares hacinados, violentos que poco a poco transforman la mente juvenil en la mortífera arma que destruye la estabilidad social de la Ciudad de Guatemala. La ONU apuesta por el apoyo a los jueces y fiscales para perseguir el crimen; los partidos políticos, a la represión de las pandillas juveniles, al endurecimiento de los castigos contra aquellos adolescentes que se convierten en sendas del mal. Nadie habla de productividad.

Hay adolescentes que embarazadas, sin que sus padres se enteren, se provocan abortos caseros y entierran en sus vecindades el fruto de sus entrañas, producto del mismo proceso de iniciación en las maras y pandillas juveniles. Niños y niñas desde los 9 años que saben que la fuente de seguridad se fundamenta en establecer lazos con las pandillas porque ni sus padres ni la autoridad se convierten en una fuente segura que los proteja de la violencia en Guatemala. El dolor de la muerte de una adolescente, que vio truncado su deseo de convertirse en una maestra y que vino a enterrar sus ilusiones en la cotidiana acción de violencia en los buses urbanos.

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