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12/01/13 - 00:04 Opinión

RERUM NOVARUM

Crímenes con saña

Si la violencia es un mal endémico en nuestro país, hoy quisiera reflexionar sobre la saña con que muchos crímenes son cometidos. Hace un par de días fue encontrado un niño de 3 años junto al cadáver de su madre asesinada y de un hombre del que aún ignoramos si era su padre.

GONZALO DE VILLA

Matanzas de familias enteras, con menores incluidos, no son infrecuentes. Los asesinatos de choferes de camionetas como castigo por no pagar la extorsión son otro fenómeno frecuente entre nosotros. Muchas veces estos crímenes atroces son cometidos por sicarios que, en no pocos casos, son menores de edad.

Esa violencia llena de saña genera en la población reacciones variadas. El deseo de venganza y de sentar escarmiento hace que la propuesta de la pena de muerte sea muy popular. Los linchamientos son socialmente aceptados por números altos de personas. También es verdad que se hace presente un sentimiento de impotencia que muchas veces en un discurso presuntamente religioso ampara la impunidad. Es el sentimiento normalmente de los familiares de las víctimas que dejan todo en manos de Dios porque no creen en la posibilidad de la justicia humana entre nosotros.

La búsqueda de la justicia debiera ser uno de los principios fundamentales de la actividad del Estado. Detener a quienes han cometido crímenes es un primer paso importante. Mucha gente conoce muchas veces a los autores de los crímenes, pero no los denuncian para no meterse en problemas. Si la corrupción o el miedo se constituyen en favorecedores de la impunidad, también el burocratismo hace desistir a muchos posibles denunciantes, y con ello la impunidad se consolida entre nosotros.

El que los dirigentes de maras o de bandas del crimen organizado continúen liderando sus actividades delictivas desde la cárcel constituye una burla a la justicia y una expresión de la debilidad del Estado para combatir el crimen. Por ello la revisión del sistema carcelario se vuelve una necesidad imperiosa.

Humanizar nuestra sociedad y volverla más civil es una aspiración para que tengamos una sociedad más justa. La violencia nos degrada como sociedad y hace que entonces la búsqueda del bien común resulte imposible. Queda entonces cada grupo en la sociedad, legítimo o ilegítimo, buscando su bien particular y recurriendo a la violencia cuando lo considera útil a sus intereses más inmediatos.

Lo más terrible de la saña con que tantos crímenes son cometidos no es tanto el daño que se causa a la víctima o víctimas del hecho sanguinario. Lo peor de todo es la naturalidad con que termina siendo aceptada por la sociedad. Muchas veces vivimos simplemente conformándonos con que no nos toque a nosotros. Esa resignación en el fondo nos deshumaniza porque nos vuelve cómplices pasivos de tanto crimen que se comete con grande saña y con grande impunidad. Entre linchar criminales, presuntos o reales, y bajar la cabeza o volver la vista para otro lado, está el reto de exigir y promover un sistema de justicia que no deje la saña impune.

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