Crisis de justicia afecta a EE. UU.

En este momento, la sociedad de Estados Unidos se sorprende, lamenta y rechaza el veredicto de un Gran Jurado, que absolvió a  Darren Wilson, policía blanco,  por el homicidio a balazos de Michael Brown, de color, ocurrido  el 18 de agosto, durante un polémico arresto en la ciudad de Ferguson, Misuri. Es un caso parecido al que hace unos 11 años ocurrió en Los Ángeles, cuando fueron absueltos varios agentes policiales, a pesar de haber sido filmados mientras le propinaban una golpiza absolutamente inhumana al afroamericano Rodney King. Los disturbios generalizados que se originaron provocaron pérdidas por mil millones de dólares, así como un clima de malestar y de rechazo dentro y fuera del país.

El caso actual tiene el agravante de que el fiscal que acusaba al policía es un hombre blanco cuyo padre fue asesinado hace muchos años por  un negro. No parece ser una persona que pudiera realizar su tarea de la manera como debe hacerse.  Con el fin de evitar más disturbios e incendios, las autoridades estatales y el mismo presidente Barack Obama hicieron llamados a la calma, aún no plenamente restablecida, pero que no tiene la gravedad de lo ocurrido en California en el caso King.

El tema de los veredictos causantes de rechazo es común en casi todos los países. Los jueces se equivocan, o aplican mal las leyes; los abogados defensores y acusadores no siempre hacen bien su trabajo. Un porcentaje alto de la sociedad estadounidense, pese a esos ejemplos, aún tiene confianza en sus autoridades judiciales, aunque también está convencida de la relación existente entre la capacidad económica de contratar abogados de primer orden y la posibilidad de salir absuelto. Justicia para los acomodados.

Estos hechos tan complicados de explicar obligan a recordar viejos dichos, como por ejemplo que la justicia tardada no siempre es justicia, o que los errores de la justicia son tan malos cuando castigan a un inocente como cuando liberan a un culpable. No siempre los errores judiciales pueden ser desagraviados. Por eso es tan loable la actitud de los familiares del joven afroamericano muerto, quienes en medio del dolor se han unido a instar a que no haya más disturbios y que con ello se ponga  en serio peligro la vida de gente de cualquier grupo humano.

Por aparte, Estados Unidos necesita analizar las razones cuando un agente policial está justificado de tirar a matar, aunque haya recibido un bofetón, por ejemplo. Estos casos se cuentan por docenas y siempre son explicados como reacciones en defensa propia. Obviamente, no todos lo son. Al igual que en Guatemala, la justicia se encuentra en un predicamento.

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