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Opinión

TASSOLILOQUIOS

Cuarto Mundo (IX y final)

Se escucha la voz de un niño decir: “La piedra es como la tierra. Nuestra linda tierra que tiene algo parecido a un hoyo. La vida que hay que componer con la amistad. La piedra me hace pensar en mis hermanos que están lejos de mí. Desde que estoy en la asociación para niños ya no voy. Lo lamento. Así como mi papá que trabaja muy duro para alimentarnos, yo quisiera darle una corona de príncipe.

Tasso Hadjidodou

TASSO HADJIDODOU

En mi sueño, yo vi que mi padre era un príncipe, solamente porque alguien me había amado”.

La voz de una mujer pronuncia lo siguiente: “Si yo fuera un ángel, tendría grandes alas blancas y vestida de blanco y volvería a la gente honesta. Me gustaría ir al paraíso para hablar con Dios para que realice mis votos secretos. Me gustaría tener un mundo imaginario con carros en forma de corazón, y que el cielo sea rosado y que los osos hablen y algún otro”.

Al fondo de todos estos pensamientos y buenos deseos se escucha una linda melodía en la que se entona a viva voz la palabra repetidas veces de “esperanza”.

Aprendí así, que los ricos necesitan a los pobres para recordarles lo que es justicia, la verdad, y nuevamente la verdad y que vivimos todos en un mismo mundo de verdades rotas, de imitaciones de verdades. Aprendimos en la escuela que lo esencial no era ganar mucho dinero, que cualquier éxito lo deja a uno solo sino sirve al éxito de los demás. Somos una única humanidad y que andamos todos haciendo una lucha más justa, más franca. Creo que es un recuerdo permanente.

El amor puede hacer cometer muchas tonterías si no está siendo ayudado por la justicia.

Hasta aquí la traducción del texto del padre Joseph Wresinski titulado Paroles Pour Demain, Palabras para mañana, tomada de una grabación en CD.

Briggitte Fossey. París, el 16 de noviembre 2000. “Conscientemente o inconscientemente, los niños hacen frecuentemente de los derechos del hombre su primera preocupación. No aceptan la injusticia, no entienden y no aceptan la miseria, esta soledad, ese sufrimiento que provoca y que ataca, a veces desde su nacimiento los herederos de la muy grande pobreza, así como de aquellos que penetran progresivamente o que viven en ellos violentamente.

Desde que soy pequeño, esa pregunta la hago frecuentemente: ¿Por qué algunos están condenados a vivir en la miseria? Más tarde, ¿por qué toleramos eso? ¿Por qué nuestra sociedad acepta que tales humanos vivan intolerablemente y que ya no tengan derechos dignos de un ser humano?

El padre Joseph Wresinski contestó a todas las preguntas por su vida misma para su compromiso con los pobres; nunca olvidaba que había sido niño, tenía conciencia del movimiento de Cuarto Mundo, pero también el movimiento para los niños que viven en un mundo pobre. Esa pregunta que se hacen los adultos y que se hacen los niños, en pensamiento y en actos, es frecuentemente la acompañada en muchas familias de una convicción íntima: Un día tendrán derecho y fuerza de poder salir de ello, su confianza en la justicia del mundo triunfará con los derechos del hombre.

Cuarto Mundo necesita urgentemente de hombres y mujeres comprometidos, que se unan a trabajar juntos en armonía y en paz, contra la miseria.


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