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Opinión

TASSOLILOQUIOS

Cuarto mundo (VIII)

No eran sus hijos, ni sus esposas quienes invadían el centro de los Bidonbille; tampoco eran sus hermanos, que se cruzaban gritando y haciendo gestos desesperados. La voz de una mujer dice: “Por culpa de la tempestad se mueve el árbol en todos los sentidos. El viento es tan fuerte que se rompen las ramas y las hojas vuelan y el tronco también se mueve como si fuera un hombre enterrado en la tierra. La tierra vuela y el árbol es arrancado de raíces. Me imagino que el árbol se endereza… solo, como alguien que se hubiera caído”.

Tasso Hadjidodou

TASSO HADJIDODOU

La voz de otra mujer dice: “Me llamo Simone Viguier, soy voluntaria ATD de Cuarto Mundo y me quedé 17 años como enfermera en el Campenal de Poitier, en la Costa de Marfil. Las flores no nutren al hombre, dicen algunos. Hay que reconocer que todas las flores que hemos sembrado al principio, las hemos sembrado en el jardín del Procurador de la República del señor Unmoment, con su complicidad, por supuesto.

Cada mañana, desde 1983, desde que estoy en el campo y que florecen las flores, encuentro un ramo de flores en mi mesa de trabajo. Cada mañana, su gente controla, para que yo tenga el bouquet más bello que hay. ¿Qué pensaráél, haciendo esto?

También está el hombre que sembró un aguacatal, lo vigila, se ocupa de él, ve brotar la fruta, la corta y la comparte con sus amigos. Él, el hombre, tiene los pies dentro de la cárcel. Pero él, ya no es el mismo, mientras creció el árbol, la fruta maduró, y él, el hombre, ha cambiado”.

Se escucha la voz de un niño diciendo: “Yo tomo el aire que da la vida, y yo vuelvo a tomar la tierra, la tierra que da la vida y luego yo tomo el agua, el agua, el agua que da la vida, y luego yo tomo el agua y también tomo el fuego. Yo lo tomo de nuevo y otra vez y otra vez. En cuanto que usted da la tierra. ¿Por qué?”.

1979, Año Internacional del Niño. En el curso de este invierno que no terminaba, miraba que había empezado mal para los niños de los barrios y chozas pobres.

Para los niños de Cuarto Mundo, empezaba mal, pues trataban de robarles su año. Las instituciones rehusaban tratarlos como a los demás niños. Son niños anormales decían. Rehusaban asociarlos con los proyectos para que algo cambie en su vida y en el seno de su familia. Teniendo miedo probablemente de la vergüenza de los ciudadanos y del estado de la persistencia de centenares de miles de niños que puedan apenas leer y escribir a la salida de la escuela. Centenares de miles de niños a quienes el mundo pretende no deber ningún porvenir. Sin embargo, esos niños de Cuarto Mundo hablaban de una escuela dentro de flores y plantas. Una escuela soñada. Encima de la cual, un inmenso arcoiris hubiera sido lanzado. Soñaban de niños, caminando juntos de dos en dos, riéndose, saltando, bailando, juntos para ir a la escuela. Ellos nos decían lo que es la solidaridad. Las instituciones los rehusaban.

Nos decían tengo que ocuparme de mi hermanito que está enfermo. Tengo que reemplazar a mi madre. Tengo que ganar un poco de dinero. Tengo que sonreír aún si no tengo ganas de hacerlo. Tengo que cantar para que mi mamá y mi hermanito sean felices. Nos daban lecciones, compartiendo lo que tenían. (Continuará).


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