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25/02/13 - 01:33 Opinión

PUNTO DE VISTA

Cuba en Venezuela

El ex presidente venezolano Rómulo Betancourt, refiriéndose a las relaciones con EE. UU., dijo, en los años 60, que tenían que ser “sin sumisión, ni desplantes”. En la actualidad tenemos constantes desplantes retóricos con los EE. UU. y sumisión vergonzosa a la Cuba comunista.

SADIO GARAVINI DI TURNO

El desplante a los EE. UU. es algo ridículo porque es absolutamente inocuo. Efectivamente le seguimos vendiendo petróleo al “imperio”, que por cierto es casi el único que nos paga en efectivo y que, para colmo, ahora nos vende cada vez más gasolina, por las carencias y fallas de nuestras refinerías. El gobierno chavista se “rellena la boca” con una supuesta defensa a ultranza de la soberanía nacional, pero en la práctica nunca había sido tan vulnerada desde, por lo menos, la instauración de la democracia en 1958.

Octavio Paz dice que “la ceguera biológica impide ver, pero que la ceguera ideológica impide pensar”. Efectivamente la ceguera ideológica neocomunista del comandante-presidente le impide pensar en los intereses permanentes del Estado venezolano. Por eso el “apátrida” desinterés por defender nuestros derechos sobre la fachada atlántica y el Esequibo, frente a las renovadas aspiraciones expansionistas del actual gobierno guyanés, que pone en peligro hasta la proyección atlántica del Delta del Orinoco. Pero lo más grave es la humillante sumisión al gobierno castrocomunista. No se trata sólo de la entrega casi gratuita de un subsidio de US$5,000 millones anuales, sino la entrega al gobierno castrista del manejo de los puertos, aeropuertos, aduanas, comunicaciones, registros y notarías. El control que tiene el G2 cubano sobre los órganos de la seguridad del Estado venezolano, incluyendo la seguridad del presidente y la presencia de oficiales cubanos en los propios mandos de la fuerza armada venezolana conforman una patológica relación entre los dos Estados. La Cuba comunista, aprovechándose de la dependencia ideológica y personal de Chávez respecto a Fidel, se ha vuelto una agresiva parásita que le succiona la “linfa vital” a la nación venezolana.

En octubre de 1983, en Grenada, el izquierdista moderado primer ministro Maurice Bishop fue fusilado, en el marco de un golpe de Estado fraguado por la fracción marxista leninista y pro cubana del partido de gobierno New Jewel, liderizada por Bernard Coard. El golpe motivó la intervención militar de lo EE. UU., apoyada por un contingente multinacional, integrado por Jamaica, Barbados y cinco países de la Organización del Caribe Oriental (OECS). La mayor y más aguerrida defensa militar de los golpistas estuvo a cargo de los centenares de “trabajadores” cubanos, que estaban construyendo un nuevo aeropuerto. Los supuestos “trabajadores” civiles, eran en realidad militares, dotados de un verdadero arsenal, que incluía armamento pesado. En Venezuela son decenas de miles los “trabajadores” cubanos presentes en las instituciones del Estado venezolano y están al mando del veterano miembro del politbureau del partido comunista cubano Ramiro Valdez. Tengo la esperanza de que la ceguera ideológica no sea total entre los miembros del gobierno venezolano, incluyendo los integrantes de la Fuerza Armada, que juran solemnemente defender la soberanía nacional.

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