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17/05/13 - 00:00 Opinión

DE MIS NOTAS

Cuestiones de fondo

Para los que estuvimos en la guerra, vivimos la guerra, trabajamos en medio de la guerra -y 30 años después aún continuamos trabajando solidariamente con el pueblo ixil que sufrió los terribles estragos de la guerra-, escuchar la sentencia basada en los peritajes de “los peritos, y los testimonios de los “testigos”, sigue causándonos un profundo sentimiento de indignación. No escuchar “ni una sola vez” en todo el contenido de las conclusiones de la sentencia, alusión alguna a la guerrilla ixil ni a los combatientes ixiles que integraban el Ejército Guerrillero de los Pobres,

ALFRED KALTSCHMITT

ni al contexto bélico en el que se desarrolló durante esos días aciagos, ofende la dignidad y la memoria histórica de la mayoría del pueblo ixil que sabe y sabía que por culpa de ese “Ejército Guerrillero de los Pobres” muchos perdieron la vida, fueron desplazados de sus tierras y sufrieron indescriptibles sufrimientos.

Colegir que estos “desplazamientos, matanzas, viviendas incendiadas, violaciones sexuales y quema de cosechas” formaban parte de un patrón de comportamiento por parte del Estado empeñado en la destrucción de un grupo étnico, es decir, genocidio, no tiene sustentación alguna a la luz de los propios ixiles sobrevivientes que en tres consecutivas elecciones le dieron su voto a un general “genocida...”; a la amnistía que declaró el propio Ríos Montt pocas semanas después de asumir el poder prometiéndoles proteger sus vidas —que cumplió—, y al trato humanitario que se le brindó a la población afectada, la cual se presentó voluntariamente por miles a los campos de refugiados en donde este escribiente, junto a otros testigos históricos, personalmente atendimos durante todo el período de Ríos Montt y muchos años después.

Estas “políticas de Estado”, testificadas por docenas de profesionales y técnicos que nos involucramos en proyectos de ayuda humanitaria durante esa época, por supuesto, no encajan y, de hecho, contradicen las conclusiones de la sentencia del Tribunal al señalar que el Ejército, léase el Estado, “definía a la población ixil como enemigo”.

También otorgarle la calidad de “verdad absoluta” a los cálculos matemáticos de un “perito” que “opina” que “un 5.5% de la población ixil fue asesinada” no se puede demostrar. ¿Cálculos matemáticos para comprobar asesinatos? Una opinión con tanto peso crítico en un caso de genocidio no se sostiene científicamente aquí o en cualquier parte del mundo.

“Ríos Montt tuvo conocimiento de todo lo que estaba ocurriendo y no lo detuvo, a pesar de tener el poder para evitar su perpetración, además de estar enterado de los planes militares victoria 82, firmeza 83 y operación Sofía, los cuales autorizó”, dijo el Tribunal.

Una sentencia por genocidio no puede sustentarse en actos “por omisión”. Todos los genocidios de la historia fueron contra las personas que los cometieron, no contra los que pudieron hacer algo, pero no lo evitaron.

Por último, tarde o temprano se tendrá que abordar el fondo del asunto: “La prescripción innegable del delito al tenor del código penal que estipula 20 años de vigencia, y al hecho notorio de que Guatemala no es miembro de la Convención de imprescriptibilidad de las Naciones Unidas —cosa que ha sido certificada desde Nueva York por conductos oficiales del Ministerio de Relaciones Exteriores de Guatemala— con lo cual quedará destruida la tesis principal sobre la que han construido el caso: que el delito de genocidio y crímenes de lesa humanidad en Guatemala estaba vigente más allá de la década de 1990. Este tema saldrá en casación con un Tribunal competente y jueces imparciales.

Ergo: no se probó el genocidio.

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