¡Cuidado! Receso de fin de año

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Menos aún en el campo: es la época de zafra y del corte de café; se está terminando de levantar la segunda cosecha de maíz; para el comercio es la oportunidad de capturar los residuos del aguinaldo con baratas de fin de año; o bien, prepararse para la venta de útiles escolares en enero.
Algo que sí contribuye mucho a la sensación de “receso” es que normalmente, para estas fechas, la actividad política sí se pausa. Se cierra el circo del Congreso, el sector público sale de vacaciones en muchas dependencias; hospitales, Policía y juzgados funcionan por turnos; hasta los medios hacen receso por unos días.

Pero, ¡ojo!,  son precisamente estos los días, cuando más distraídos estamos con las festividades que se aprovechan para consumar las fechorías; para que las cosas pasen desapercibidas o los escándalos se apacigüen más rápidamente. Se aprovecha al máximo  la modorra en que caemos. Una muestra es el escándalo de la semana, consumado a ritmo de samba, donde son aludidos directamente el delfín y el propio presidente.

Suertudos que son, les toca solamente rogar al cielo para que lleguen rápido las 12 campanadas de la medianoche y olvidemos el “papelito shuco” en medio de la cuetería y los abrazos.

En el plano local, vemos al presidente avalar, junto a dos ministros, la reducción al salario mínimo en cuatro municipios del país en abierta violación a la legislación laboral vigente. ¿A quiénes complace con esta medida? El colmo es justificarse en el hecho que “de todas maneras no se cumple con la legislación laboral y la gente termina ganando menos que el mínimo”. ¿Acaso no le toca a él y a su ministro velar precisamente porque se cumpla la ley? Los primeros obligados, no solo no la acatan, sino la violentan arbitrariamente. Raya esto ya en la esquizofrenia, pues apenas hace unos días se aprobó el incremento al salario mínimo.

¿En qué cabeza cabe gastar a la par millardos y millardos en Hambre Cero, cuando es el propio gobierno el primero que atenta contra la seguridad alimentaria de las clases populares? Ojalá la comunidad internacional tome nota de cómo se despilfarran los recursos que aporta para este tipo de programas, mientras a la par, el Gobierno sigue haciendo concesiones y confiriendo privilegios a ciertas empresas. Por si faltara contraste, el despilfarro de los ministerios, comprando todo lo que pueden a pocos días del cierre presupuestario, por excepción y de urgencia nacional. Tiembla una de pensar qué otras sorpresitas se tendrán guardadas para lo que queda de diciembre.

Si  así son las vísperas, ¿qué nos espera en el 2015?

Por eso, estimados lectores,  ojalá en estos días de receso no quite totalmente su  vista del comal; no vaya a ser que cuando tenga hambre en enero, lo que reciba ya no le alcance ni para las tortillas.

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