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05/02/13 - 00:00 Opinión

MIRADOR

Currutacas nacionales

En un lapsus linguae, la vicepresidenta admitió trabajar únicamente de 8 a 5, y fuera de ese horario, tomarse tiempo “libre” para hacer cosas propias del ocio humano. ¡En el mes del amor, cuando quererse no tiene horario, ni fecha ni calendario…!, se pone jornada de recepcionista mientras muchos profesionales -policías, bomberos, médicos, militares, etc.- trabajan 24 horas, la universidad inicia a las 7 a.m., los colegiales madrugan más que ella y la mayoría de las personas “van al encuentro del sol” desde temprano y regresan a casa cuando el astro rey se fue a dormir hace tiempo, como doña Roxana.

PEDRO TRUJILLO

Podía haber dicho —y quedar mejor— que tenía horario de salón de belleza. Se madruga —¡ya se sabe la hora de las primeras comuniones!— y se termina muy tarde, por fiestas que comienzan entrada la noche. Aclaró que labora exclusivamente ocho horas como contemplan los convenios vigentes —una se supone para almuerzo— salvo que también prolongue las sobremesas y entonces habrá que ver realmente el tiempo que devenga y cuánto hay que descontarle del salario. Eso le pasa por querer estar en todos los saraos y pretender mandar más de la cuenta, sin ser omnipresente. Imposible ser secretaria general de un partido político y vicepresidenta del país, como presidente en funciones. Al igual que se prohíbe al mandatario ocupar dos cargos, desconozco la razón de no exigírselo a la segunda al mando.

Si lo anterior no fuera suficiente, aceptó gustosamente que le impusieran la Cruz del Ejército de Guatemala. En países donde la ética importa, es imposible —y moralmente sancionable— que un político en activo admita una condecoración o premio de alguna institución pública, especialmente si la dirige. El riesgo de mercantilismo, de vil culebreo o de pago de favores, entre otras cosas, determinó que abstenerse de recibir regalos o distinciones es el mejor comportamiento y el menos comprometido. A fin de cuentas un subordinado —ministro— premia a su superior, o si se quiere dar otra lectura, el propio presidente —comandante del Ejército— distingue a su segunda, un ejercicio de particular favoritismo que no permite una interpretación siquiera superficial sin que el estómago haga una refinada y singular pirueta. Aquí eso de la ética todavía no ha cuajado lo suficiente y, consecuentemente, se reclaman “derechos laborales” en el ejercicio supremo de la función pública o se aceptan favores y dádivas sin inmutarse y sin que la ciudadanía repruebe y condene el hecho. Colisión brutal y contundente con la apariencia mínima que habría que guardar y que es percibida especialmente desde el exterior, aunque adentro no haga estallar ni un simple cohetillo de advertencia.

A la zarabanda hay que agregar a la fiscal general, quien posteó en su twitter: “Capturados presuntos responsables de 4 femicidios quisiera que no exista una muerte más y ningún agresor responsable de femicidio libre”. Se olvidó, sin embargo, resaltar el 88% restante de víctimas masculinas y enfatizarlo con igual intensidad, quizá porque no es prioritario. Feminismo exacerbado que confunde la parte por el todo, contenta a quienes dan dinero para esas cosas, a las aduladoras y al entorno que lo manipula. Lo peor es que dice mucho de cómo opera el sistema de justicia. Mejor debería prestar atención a todos los homicidios y reflejar similar rechazo para cualquier asesino, independientemente de la víctima, aunque eso suponga tener que desprenderse de algunos prejuicios.

Perdonable hablar con la boca llena, pero no con la cabeza vacía. Y es que el pez por su boca muere.

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