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Opinión

REFLEXIONES

Desafío de la verdad

Ahora que iniciamos el 2012 en que termina el último baktún del calendario maya y a pocos días de haber celebrado el 15 aniversario de la firma de la paz, cuando están por instalarse un nuevo gobierno, congreso y alcaldes, pareciera que se retoman algunas posiciones ideológicas fundamentalistas que confunden el escenario político y la identidad de políticos salientes y entrantes. Este Congreso que termina será recordado como el de la confrontación política oportunista y sin sentido,

Frank

FRANK LA RUE LEWY

 en el cual, diputados se cambiaron de bancada como cambiarse de camisola, bancadas se fraccionaron y se crearon nuevas, esto dejó en la población un sentimiento de indefinición ideológica y falta de congruencia.

En este contexto, y ante la transición a un gobierno conservador, presidido por un general retirado, vuelven a resurgir discursos trasnochados de una extrema derecha que no tiene sentido en un país que firmó la paz hace 15 años y que aún busca su reconciliación y definir su identidad.

La reconciliación de todo pueblo debe estar basada en la verdad, la justicia y la reparación, como derechos inalienables de un pueblo que sufrió los efectos de la guerra y, en particular, de las víctimas y sus familiares. Este reclamo no tiene posición ideológica, pues las víctimas pueden ser todas las personas inocentes que sufrieron durante el conflicto de cualquier origen, posición o pensamiento; la justicia solo es justa si se aplica por igual a todos y la verdad solo es verdad cuando con honestidad se busca reconstruir los hechos históricos que constituyeron grandes violaciones de los derechos humanos.

Las víctimas no tienen necesidad de recurrir a exageraciones o mentiras, ni a establecer verdades a medias, pues la verdad a medias no es la verdad. En este sentido, los escándalos mediáticos que algunas personas han querido plantear esgrimiendo listas y condenas, no tienen sentido si no responden a la realidad y son, más bien, ataques ideológicos, venganzas o vendettas políticas. En particular nos preocupa que haya personas mencionadas por ejercer su profesión y su libertad de expresión, como periodistas o religiosos. La libertad de expresión es uno de los fundamentos de toda democracia y cualquier acto de intimidación que pretenda limitarla debe ser entendido como una agresión a la democracia. No debemos permitir que se retroceda a la cultura del miedo que pretende silenciarnos a todos, cuando el desafío es construir una cultura de paz.

Las diferencias de opinión o diferencias ideológicas no se resuelven con intimidaciones públicas, sino con un debate serio y de contenido. Ya es hora de que aprendamos a convivir con personas que tengan opiniones diferentes a las nuestras.

La verdad, no es propiedad de nadie, sino que se construye colectivamente con procesos honestos de búsqueda común, y los derechos humanos son derechos de todos, que surgen de la dignidad de los seres humanos como hijos de Dios, establecidos en la Biblia y normados en la Constitución Política de la República. A los 15 años de la paz, la tarea inconclusa en nuestro país es lograr la reconciliación y el desarrollo de una cultura de paz.


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