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Opinión

Desnutrición: un Apocalipsis

Hace algunos días, el Gobierno declaró a Guatemala en “riesgo nutricional” luego de recibir los lamentables y alarmantes informes del Consejo Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Conasan), los cuales solamente confirman la gravedad de una realidad nacional a la que la sociedad misma y todos los gobiernos guatemaltecos le han dado tradicionalmente una menor importancia de la que merece, si es que se la han otorgado.

EDITORIAL

Los datos de Unicef no dejan lugar a dudas: 49 por ciento de los niños guatemaltecos sufren de desnutrición crónica, lo que coloca a Guatemala en el primer lugar de esta tragedia en todo el continente, y en el sexto puesto en el mundo. Las tres causas más comunes de la morbilidad infantil son las infecciones respiratorias, 37.8 por ciento; las diarreas, 10.5 por ciento; y las dermatitis no especificadas, 6 por ciento, todos males estrechamente relacionados con el subdesarrollo.

La desnutrición es apocalíptica, porque en su significado tiene implícita la amenaza del exterminio, de la destrucción. Lo señalan algunas de las cifras oficiales, cuya gravedad debe entenderse en la medida que sus consecuencias solo serán de empeoramiento de las capacidades humanas en cuanto a resistencia a enfermedades y crecimiento, pero también a la capacidad de aprendizaje, y sobre todo a las posibilidades de tener hijos sanos y fuertes.

En suma, no se puede esperar que personas que no fueron bien nutridas en los cruciales años de la infancia inicial no tengan hijos con menos capacidades de resistencia a los aspectos físicos como de captación de conceptos abstractos, temas sobre los cuales existen estudios de especialistas, no tomados en cuenta porque los gobiernos han basado sus decisiones en el corto plazo, la coyuntura y el beneficio electorero.

Las propias cifras oficiales son alarmantes: 15 mil niños desnutridos solo este año, equivalentes a unos mil por semana. Por eso la solución de esta inaceptable tragedia no es cuestión de un programa que aunque tenga una base aceptable, en realidad sea otorgado con fines electoreros. La seguridad alimentaria va mucho más allá que regalar una bolsa con comida, que dudará un par de días, a personas de necesidades lacerantes para la totalidad de los guatemaltecos.

Combatir la desnutrición requiere de un plan multisectorial, con la participación de todos. Pero sobre todo, por ser a largo plazo, necesita ser aplicado por cualquiera que llegue al mando político del país, aunque esto se dificulta porque los políticos y los partidos nacen y desaparecen de la escena. Hace 15 años apenas dos de los partidos actuales existían. Ello imposibilita un pacto a largo plazo, fuera de la politiquería, que se aplique con independencia de quien gana una elección.

Los miles de niños que innecesariamente mueren por desnutrición y son víctimas de la irresponsabilidad política, que por esa causa se convierte en una materialización de dos de los jinetes del Apocalipsis: el hambre y la muerte, con la diferencia de que en este caso pueden ser destruidos si se tiene la valentía y la responsabilidad histórica de destruirlos, al atacarlos de raíz.


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