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Prensa Libre

30/08/11 - 00:00 Opinión

PANÓPTICA

Desnutrición crónica

Mientras la coyuntura nacional se reviste con diatribas politiqueras y del show business de la esquizofrénica “inseguridad” pública —elementos que adormitan la conciencia ciudadana—, una vergüenza nacional de corte estructural e histórico-social: desnutrición crónica infantil, categóricamente aniquila las esperanzas del desarrollo humano y democrático del país a corto y mediano plazo. Interesa reflexionar sobre esta rémora social, la cual es entendida como el retardo de talla de los infantes asociada normalmente a situaciones de pobreza, y relacionada con dificultades de aprendizaje y menos desempeño económico (Pesa, 2004).

FRANCO MARTíNEZ MONT

Dentro de los principales factores de surgimiento de este flagelo multidimensional, se encuentran: los medioambientales —naturales o antrópicos—, socioculturales y económicos —escolaridad, desempleo e inequidad de servicios públicos— y político/institucionales —legislación y políticas públicas—, que condicionan la cantidad, calidad y capacidad de absorción de la ingesta alimentaria.

Actualmente, Guatemala ha confinado a la infelicidad a más de un millón de niños menores de 5 años que padecen esta punzante enfermedad, basta con mencionar que en esta dispar nación, diariamente nacen 552 niños condenados a padecer hambre el resto de sus días (Icefi y Unicef, 2011).

El país, a pesar de estar considerado como de ingresos medios, ocupa en AL un deshonroso primer lugar en desnutrición crónica y sexto a escala mundial —49.8%, cuando el promedio del continente es del 14%—. Además, el 65.9% de la niñez indígena tiene hambre, 58.6% son del área rural y 69.3% son analfabetos; porcentajes mayores que los de países en conflicto como Afganistán con 59%.

Para el año 2011, se ha estimado que el costo total de la desnutrición alcanza Q24 mil 800 millones —más de US$3 millardos—, esto produce un razonamiento clave: si se implementan las intervenciones necesarias para lograr la meta establecida en el ODM1, “Reducir la desnutrición global de 1990 a la mitad para 2015”, los ahorros estimados para Guatemala suman US$525 millones, valor que se triplica si se lograra erradicar totalmente. En este último escenario, el 50% del ahorro resulta del impacto producido al 2010 (Cepal, 2007). Hoy por hoy, la sociedad guatemalteca pierde Q66 millones diarios como resultado de la desnutrición.

A manera de colofón, desde una perspectiva crítica y realista, el Estado debe ser más agresivo para el combate urgente y sin excusas a esta problemática, a través de la potenciación de su recurso humano e incremento de la inversión pública —pacto fiscal—, acompañado de la voluntad política de las élites societales.

El punto medular es el financiamiento, empero deben analizarse prioridades de Estado insoslayables que deben abordarse integralmente, mediante el incremento del ISR e IVA, reducción de exoneraciones y fueros fiscales a la maquila, minería y zonas francas, impuesto a la telefonía, redefinir las intervenciones vía endeudamiento, redituar las Alianzas para el Desarrollo y orientar estratégicamente la ayuda de la cooperación internacional.

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