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12/09/13 - 00:00 Opinión

PERSISTENCIA

Destruir al grupo maya ixil

La jurista española Paloma Soria expuso en su peritaje que la violencia sexual, durante el conflicto armado interno, fue masiva y sistemática en contra de mujeres indígenas. Ello demuestra que la violencia sexual es prueba de la intención de destruir al grupo ixil. Dichos actos no fueron aislados, sino que se daban por un número amplio de soldados. En los testimonios a los que hubo acceso, en siete de los casos las mujeres fueron sometidas a la esclavitud sexual en los destacamentos militares donde permanecieron en condiciones que atentan contra la dignidad humana.

MARGARITA CARRERA

 Ejemplificó que las mujeres eran “llevadas a hoyos, donde permanecían sin comer, solo con agua. Los soldados les regaban y las sacaban solo para ser violadas y luego eran introducidas nuevamente al hoyo”. Esto es prueba de genocidio y crímenes de guerra.

La violencia sexual fue utilizada como arma de guerra y las mujeres consideradas como botín de guerra, a manera de premio que los soldados podían ganarle al enemigo. En ningún momento se castigó por tales excesos. La violencia sexual es una prueba de la intención del delito de genocidio, ya que no solo destruyó físicamente al grupo protegido, sino constituyó una absoluta ruptura del tejido comunitario.

En el Plan Victoria 82 se reconocía que se daba a la práctica y en el anexo F, de dicho documento, se indicaba que en los destacamentos militares los soldados podrían alimentarse, lavarse y poder tener acceso a intercambio con el sexo opuesto. Por tanto, este grave delito es considerado también un delito de lesa humanidad y un crimen de guerra de acuerdo con el derecho internacional.

Los peritajes sobre los daños a la salud mental y el peritaje cultural del grupo étnico ixil ilustraron los efectos de genocidio en el grupo. La psicóloga Nieves Gómez resaltó que lo vivido por la población ixil durante esa época, representó un hecho traumático en sus vidas y que hasta la fecha la padecen, manteniendo un constante terror y miedo.

Las consecuencias de los actos cometidos por el Ejército en dicha región, dejaron como resultado la destrucción de la cultura de la siguiente manera: eliminación de las prácticas culturales del maíz, la ruptura de la relación de los vivos con los muertos, estigmatización de las mujeres que fueron violadas, ruptura de los núcleos familiares, afecciones en los roles de las mujeres, niños (as) sin seguridad afectiva de su familia y comunidad, pérdida de la solidaridad comunitaria y de referentes sociales, entre otros.

Es notorio que con la militarización de la región se vio afectada la cosmovisión del pueblo ixil, al ser variadas sus formas organizativas, ser obligados a reconocer otras autoridades, pérdida de sus ancianos (as) considerados como autoridades en las comunidades.

Con el desplazamiento forzado se perdió el contacto con la tierra, teniendo esto grandes afecciones ya que para el pueblo maya “tierra es el lugar de los antepasados”, por ende fueron separados del vínculo con sus ancestros.

Muchas personas hablan del “susto” que les quedó y esto es interpretado desde su experiencia como “la separación del alma con el cuerpo”, de esta manera se explica dicha expresión escuchada numerosas veces en los testimonios que se han seguido en este caso. Es decir, al romperse la cosmovisión se separa violentamente a la personas de su identidad, de lo que conforma su ser.

¿Cómo reparar el mal que se les hizo a las que sufrieron semejantes ofensas? Sin duda se necesitaría de psicólogos profesionales en cada aldea. Gente interesada en ayudar (www.paraqueseconozca.blogspot.com).

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