Opinión

Dr. Ayau

Le llamaban Muso, pues de niño se disfrazaba poniéndose un sombrerito igual al del dictador italiano, lo cual hacía juego con su carácter fuerte y decidido.

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JAIME ARIMANY RUIZ

Cuando en 1976 ingresé a la UFM a estudiar mi MBA, tenía años de conocer de vista al Ing. Ayau. Mi hermana May era amiga de su hija, hoy Abadesa Inés. En esa época no tenía idea de que con las materias que se impartían podría optar a la maestría en economía y que dichos conocimientos cambiarían mi vida, al lograr concurrir la religión católica con el mercado, y porque este es el mejor sistema para sacar de la miseria a la parte de nuestro pueblo que la sufre.

En los primeros días de clase encontré un par de veces, “casualmente”, al doctor, en el jardín y corredor de la sede, ubicada en esos días en la 12 avenida, frente al Campo Marte.

El doctor tenía una charla amena, con más preguntas que respuestas, me imagino, con el afán de saber cómo pensábamos los estudiantes recién ingresados.

En ese tiempo él daba una clase magistral de economía, que incluía un resumen de lo que estudiaríamos después, teniendo como fundamento para la misma los principios de la economía austriaca, la cual es una ciencia a priori, pues sus conclusiones principales se derivan de principios básicos, y con ellos se arma todo el tinglado en que se basa el estudio económico.

El Dr. Ayau era un verdadero maestro explicando uno de estos principios, esto es la Ley de Asociación de David Ricardo.

Esta ley, que también se reconoce con el nombre de ley de costos comparados, explica la asignación de recursos, partiendo de las diferencias desiguales de los hombres y la escasez de recursos. La ley concluye en que las personas que intercambian libremente se dedican a producir aquello sobre lo cual tienen ventajas comparativas.

La obra La Acción Humana, de Ludwig von Mises, publicada en inglés, en 1949, era el libro favorito del doctor. Me contaba que, a pesar de haberlo leído más de 15 veces, cada vez encontraba nuevas ideas y conocimientos; era su biblia de economía.

Ahora es muy fácil pensar en abrir una universidad para enseñar el sistema de mercado. Pero en esa época en que se funda la UFM, la teoría cepalista invadía Latinoamérica, y era acompañada por un pensamiento keynesiano exagerado en la nación más poderosa del mundo, e incendiada con movimientos guerrilleros y gobiernos influidos por el socialismo, la labor del doctor fue una proeza increíble.

Tuvo varios aleros fundamentales, el querido e incondicional amigo del doctor y mío, gran conocedor y defensor del sistema económico del mercado, Ulises Dent, y a los hermanos salesianos, el Padre Ángel Roncero, con el apoyo del provincial de la orden Rev. Padre Hugo Santucci, y el HS Dr. Joseph Keckeissen, alumno de Mises, probablemente el profesor con más conocimientos de economía en Guatemala.

Cuando el doctor fue candidato del MLN, hace 20 años, me invitó a ser el encargado de recaudar los fondos de campaña. Trabajamos varios meses, pero su decepción y la de sus seguidores fue grande cuando la obtención de los mismos fue saboteada por la famosa pirámide del sector privado.

Los que lo conocíamos sabemos que su gobierno hubiera sido como su liderazgo, basado en su capacidad, honradez y poder de convencimiento a través del razonamiento lógico.


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