Iniciar Sesión
Registrarse
  Preguntas frecuentes
  |  
¿Olvidó su contraseña? 

15/11/12 - 00:00 Opinión

PERSPECTIVAS

Drama y oportunidad

Los desastres naturales son dramas humanos, cuya tendencia va para más en la medida que no cerremos el círculo entre aumento de vulnerabilidades-debilidades institucionales-visiones utilitaristas de los recursos naturales-pobreza con énfasis en el medio rural. Pero también son oportunidades para redefinir rutas políticas. Terremotos, tormentas, inundaciones, sequías pueden ser espacios de oportunidad que levanten credibilidades, oxigenen la gobernabilidad, posicionen a ciertas figuras públicas,

RENZO LAUTARO ROSAL

 o bien, ser el entierro adelantado, donde aumenten los desgastes, se fortalezca la oposición, se adelante la campaña electoral 2015, crezcan las promesas lanzadas al aire y la danza de los incumplimientos.

¿Cómo se manejará la gestión del terremoto de San Marcos? Eso está por verse. De momento, el balance es incompleto e inicial. La separación de responsabilidades territoriales es un planteamiento adecuado, donde se nota la intención de bajarle el perfil al rol tradicional del ejército y su unidad de ingenieros y equipararlo, al menos en teoría, con los roles de un Micivi que muestra muy buen nivel de eficiencia y cobertura; lo que se le pide, lo resuelve de inmediato. El actor gris es Fonapaz, a quienes le siguen asignando una importante cuota de poder y de recursos que se pueden ir por el caño, o para colocarlo en la coyuntura, por cualquier grieta de malos manejos.

El momento telúrico da una importante bocanada de aire al Ejecutivo. Sin querer, los sucesos del altiplano marquense son una licencia para operar. Nadie en su sano juicio se opondrá a la necesidad de más recursos, a las formas rápidas de ejecución, a los procedimientos por excepción, a mantener el estado de calamidad, a dejar para después asuntos que no tienen que ver con la emergencia, a cuestionar el uso de los recursos provenientes de la comunidad internacional. Sin lugar a dudas, la gestión de la emergencia no es tarea fácil, la convergencia de un sinnúmero de instituciones donde unas pretenden cumplir funciones humanitarias y otras, tras protagonismos políticos, es un asunto cuesta arriba. La coordinación de esos quehaceres en la Vicepresidencia da para pensar en medios de control donde será difícil balancear entre los cumplimientos funcionales y los políticos.

Ahora vendrá lo clave. Después del Mitch, el Stan y los otros fenómenos, los gobiernos anteriores prometieron convertir los dramas en oportunidades. Nada pasó. Solo significaron grandes chequeras en blanco para derramar recursos a manos llenas, poco llegó a las comunidades venidas a menos. Tras el terremoto cabe la oportunidad para poner en marcha el esperado programa social del cambio. No me refiero a iniciativas de techo mínimo, promesas de nuevas soluciones habitacionales, descuentos en compra de materiales. Eso es obligado, pero no deriva en nada nuevo. Solo son paliativos para disfrazar y postergar la pobreza que está en el sustento de lo ocurrido.

Tomar los municipios más azotados y generar procesos de cambio productivo, social y de gestión coordinada puede ser la ruta correcta.

Más noticias de Opinión

Herramientas

Multimedia

multimedia

© Copyright 2012 Prensa Libre. Derechos Reservados.

Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.