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20/05/13 - 00:07 Opinión

EDITORIAL

Drogas, tema en reunión de la OEA

La Organización de los Estados Americanos dio un paso adelante en el controversial tema de la despenalización de algunas drogas, al presentar un informe de 400 páginas que, en resumen, indica la necesidad de tratar el problema según la realidad de los países, muchos de ellos sin los recursos ni la fortaleza institucional para enfrentarlo, y de hacerlo con un enfoque de salud pública pero también múltiple y flexible.

Este reporte ya fue enviado a los países integrantes de la OEA, para que lo conozcan y se preparen a tratarlo en la próxima reunión continental que será realizada en Antigua Guatemala del 2 al 6 de junio próximos. La principal diferencia de criterio radicará en que el problema de las drogas ilegales debe ser analizado también bajo la óptica de la seguridad civil y también de la misma viabilidad del Estado, como es el caso de los países centroamericanos.

Los datos son escalofriantes. El continente tiene el 45% de los consumidores mundiales de cocaína, el 25% de quienes fuman marihuana y se está incrementando el uso de pasta de cocaína, crack y sustancias inhalables, drogas sintéticas y fármacos legales empleados indebidamente, todo lo cual genera un negocio de 151 mil millones de dólares anuales. Un funcionario anónimo estadounidense declaró que se trata de “un ejercicio académico que minará la cooperación antidrogas en el hemisferio, al sugerir acciones que contravienen el derecho internacional.”

En la reunión indicada, sin duda, se deberá hablar con claridad de la responsabilidad de Estados Unidos por actuar de manera más eficiente y severa contra las organizaciones criminales que distribuyen las drogas en su territorio, no solo porque es el mercado objetivo del narcotráfico, sino porque existe la percepción continental de que mucho más puede hacer. Por eso la parte más importante será la discusión a nivel político, por lo cual es evidente que el tema no podrá ser concluido en esos pocos días y requerirá de numerosas citas adicionales antes de llegar al acuerdo continental que espera la OEA.

La tendencia del informe de la OEA parece ir en la misma línea de lo que sorpresivamente sugirió Guatemala el año anterior, con el resultado de discusiones y posiciones encontradas con Estados Unidos y también dentro del país. Parece haber consenso en la necesidad de hacer algo, ya sea el endurecimiento de la lucha como se libra actualmente, con algunas variantes, o el de una despenalización parcial realizada de manera que no pueda ser válidamente calificada de rendición ante las redes del narcotráfico, cuyos tentáculos alcanzan a todos los niveles sociales y políticos de los países americanos.

Guatemala, sede de esa reunión, tiene el papel adicional de actuar con capacidad para seguir en la posición adoptada por el presidente Otto Pérez Molina. Es una prueba para la diplomacia nacional, pero sobre todo constituye una oportunidad para discutir en el seno de la sociedad guatemalteca el consenso necesario para enfrentar el mayor peligro real que se cierne sobre la endeble democracia del país.

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