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06/01/13 - 00:00 Opinión

LA BUENA NOTICIA

Epifanía

Las fiestas religiosas, como la Navidad, tienen expresiones populares que manifiestan el arraigo que la fe cristiana ha logrado en la sociedad. Pero esas expresiones a veces también ocultan el verdadero sentido teológico o espiritual de la fiesta o desplazan la atención hacia aspectos secundarios de lo que se conmemora. Por ejemplo, hoy se celebra popularmente la fiesta de “los Reyes Magos”. El nombre pone el acento sobre los personajes, que según el evangelista Mateo llegaron desde tierras lejanas para adorar al Niño Dios recién nacido.

MARIO ALBERTO MOLINA

La fecha es ocasión para la última fantasía navideña, en la que estos personajes exóticos traen a los niños del vecindario un último dulce antes del fin de las vacaciones.

Sin embargo, para la Iglesia el acontecimiento tiene un significado teológico y social que pasa inadvertido hasta para los practicantes más asiduos. Para comenzar, la Iglesia denomina la fiesta con un nombre griego, Epifanía del Señor. Esto es una señal de que la celebración procede de las antiguas iglesias de habla griega, más sensibles para las dimensiones teológicas de los relatos bíblicos. En efecto, la Iglesia leyó y sigue leyendo el episodio de la visita de los magos a la luz de su experiencia misionera. Cuando se inició la primerísima evangelización, los apóstoles constataron un desarrollo inesperado. El Evangelio y la persona de Jesús eran acogidos con entusiasmo por muchísimas personas procedentes de los pueblos del mundo entonces conocido; mucho más que por los judíos, los primeros destinatarios del Evangelio.

El hecho histórico obligó a la primera generación de cristianos a una profunda reflexión teológica. La conclusión: Cristo y su Evangelio representan un cambio en el designio de Dios. Las acciones salvíficas de Dios ya no se realizan en los acontecimientos histórico-políticos de un pueblo, lo que implicaba un particularismo étnico e histórico. La acción salvífica de Dios se ha realizado en la vida de un hombre, y lo que ha ocurrido con él puede ser compartido por cualquier otra persona de cualquier otro pueblo. Jesucristo ha dado respuesta al problema de la muerte y del sentido de la vida humana; al problema del mal y del ejercicio de la libertad; al problema de la religión y del conocimiento del verdadero Dios. Antes de Cristo, Dios se había manifestado en los acontecimientos históricos y políticos del pueblo de Israel; en Cristo Dios se manifiesta respondiendo a cuestiones que pertenecen a la condición humana en general. Así se manifestó Jesucristo como Salvador de toda la humanidad. A eso se refiere el nombre “Epifanía”, que significa “manifestación”. Los magos habrían sido los primeros extranjeros a quienes Jesús se manifestó como Salvador. Los particularismos étnicos, raciales, culturales, históricos y políticos son secundarios con relación a la básica unidad e igualdad del género humano. Por eso también la fe cristiana, que pone el acento en la común condición humana de las personas, es un factor de unidad e impulso para la superación de los prejuicios y marginaciones por razón de diferencias secundarias.

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